La exaltación de lo vacuo

Martin Parr © Magnum GB. Scotland. Glasgow. Fairy cakes. 1999.

Estamos viviendo una época en la cual para poder establecer un análisis profundo sobre lo que está sucediendo en la relación entre el uso las imágenes y los espectadores tenemos que recurrir irremediablemente a los textos de Jean Baudrillard. Todo es visible, consumimos imágenes velozmente y de igual forma las olvidamos.

Estamos atrapados por los dispositivos smartphones que se han convertido en el becerro de oro al que adoramos y damos culto cada día. Estar comunicados, informados, ver a través del dispositivo todo aquello que consideramos una información necesaria para seguir viviendo, producir imágenes para compartir nuestras vidas con el mundo, si no somos visibles no existimos.

Las exposiciones de arte deben establecer una relación con el espectador, el cual puede conectar o no con la obra expuesta. Hasta aquí todo es normal. Lo que es curioso es la forma en la cual se presentan las obras en algunos espacios expositivos. Diseñar y maquetar una exposición es similar a la maquetación de un libro.

Se trata de ordenar el contenido para que los espectadores tengan una lectura coherente con la intención del artista y la obra expuesta. Ahora bien, cuando se trata de una exposición colectiva, los comisarios son los responsables de dar forma a la exposición desde el punto de vista narrativo y conceptual. Hoy en día se han convertido en “los intocables” del mundo del arte, los sumos sacerdotes que se encargan de dirigir el ritual.

Apostar por el caos puede ser muy valido cuando se tiene una intención rupturista y de transgresión, algo ya en desuso en el arte actual dominado por el mercado, que dirige el espectáculo según sus intereses.

El caos como ocultación de la falta de contenido, el uso de las imágenes como si se tratase de un revoltijo de productos en rebajas, esperando que los espectadores se avalanchen sobre ellas con las misma voracidad y entusiasmo que en unos grandes almacenes.

Es evidente que se idolatra la forma en que se consumen las imágenes en las redes sociales y se imita y su forma de exhibición.

Duchamp y el arte contemporáneo

Esta reflexión no es nueva ya que Duchamp afirmaba lo siguiente en relación con el arte contemporáneo: “La totalidad del mundo del arte ha alcanzado un nivel tan bajo, ha sido comercializado hasta un grado tal, que el arte y todo lo que tenga que ver con él se ha convertido en una de las actividades más triviales de nuestro tiempo.

El arte en estos tiempos se ha hundido hasta uno de sus más bajos niveles en la historia, seguramente incluso inferior al de finales del XVIII, cuando ya no había gran arte, sino pura frivolidad. En el siglo XX el arte está jugando un papel de puro entretenimiento, como si viviéramos una época divertida, ignorando todas las guerras que experimentamos como parte de lo que somos”. (1)

¿Alguien se acuerda hoy en día del significado de tomar partido, comprometerse o ser fiel a unas ideas?

Y los comportamientos de los artistas en el proceso creativo, podemos empezar a analizar lo que hacen unos y otros y comprobar que ya “el plagio” no produce ningún rubor en quién lo práctica.

Es simplemente un reflejo de la falta de ética política y social, de los usos y costumbres que se producen desde la pirámide del poder hasta su base.

Si el poder se apodera del dinero público como nos vamos a escandalizar por unos cortas y pegas en tesis doctorales, libros o plagios en las obras de arte. Al fin del al cabo hay que estar a la última y se trata de buscarse un hueco en el templo de lo “cool”.

Se ve claramente quienes son los imitadores y de que teta han mamado, sólo tienes que tener un mínimo de cultura visual para darte cuenta, pero la mayoría lo digiere como si de algo novedoso de tratase. En este país los imitadores de Martín Parr surgen como setas en otoño.

En definitiva, no sirve de nada los textos que se han escrito, ni las reflexiones que se han hecho con anterioridad, de hacía dónde debe dirigirse el arte como expresión individual y representación colectiva de una sociedad, como forma de participación de los productores y receptores de las obras, y como forma de compromiso colectivo. La exaltación de lo vacuo está en su edad de oro, aunque toda situación es susceptible de empeorar.

Acabo este post con una reflexión de Jose Luis Brea:

Es en última instancia tarea del arte iluminar el lugar -el espacio de la representación- desde el que podría realizarse ese trabajo de fundación de las nuevas formas de cultura que permitirían al hombre, a la humanidad, reconciliarse con su existencia.

Esto significa: acertar a darse una adecuada auto representación -como precisamente aquel ser que tiene esa tarea por misión. El conocer-se y saber algo de sí; merecer ostentar con dignidad el inalcanzable pero irrenunciable rango de verdadera humanidad. (1)

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(1) José Luis Brea: Un ruido secreto.
El arte en la era póstuma de la cultura. Murcia: Mestizo, 1996

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