Los Fotógrafos Olvidados

Luis Ramón Marín, 1931

Luis Ramón Marín, 1931

Leo el interesante artículo de Elsa Fernández-Santos en EL País titulado “El viaje de la basura al museo” sobre el descubrimiento de los archivos de fotógrafos desconocidos que han salido a la luz después su muerte. El caso más importante ha sido Vivian Maier y quizás en nuestro país Virxilio Vieitez al final de su vida, y Luis Ramón Marín.

Antes de tomar una posición clara pienso que cada fotografía puede cumplir una función diferente. Una imagen se hace por la decisión del fotógrafo, y la interpretación y el uso de la misma puede no ser controlado por el autor.
No creo en teorías emitidas por teóricos de la modernidad ni en leyes fundamentales, escritas o no, por aquellos que pretenden dirigir el tráfico. Pienso que es necesario reflexionar y que nos hagamos muchas preguntas antes de descalificar el trabajo de los historiadores que tratan de reubicar nuestra historia reciente en imágenes y dar el protagonismo a aquellos que debieron haberlo tenido en su día.

Primero, la aparición de estos archivos pueden aportar un carácter documental que sirvan para una nueva interpretación de la historia, o simplemente que nos den una nueva visión sobre la vida en una determinada época. La otra opción es analizar si los archivos descubiertos podrían ser considerados como una aportación “artística” a la historia de la fotografía. Enterrarlos en un museo para la adoración de los críticos, el deseo oculto de los coleccionistas y las ansias de negocio de sus descubridores, esa es otra opción.

¿Walker Evans, August Sander o Eugène Atget se consideraban ellos mismos como importantes autores o más bien pensaban que su relación con el medio era la pasión de su vida, o un oficio inseparable de su propia existencia?
Esta es una pregunta que debemos hacernos, cual fue la relación con el medio, y con el resultado de su trabajo de los grandes mitos de la fotografía.
Existe el acto de la creación sincera del fotógrafo que expresa sus sensaciones a través de sus imágenes, se comunica con la colectividad, o simplemente realiza una tarea que posteriormente se convierte en la herramienta fundamental para analizar la historia colectiva.

Afirmar que “la historia de la fotografía no es la historia de las imágenes, sino de la vida pública de esas imágenes en su tiempo”, puede considerarse una afirmación dudosa. Evidentemente la historia la recrea el poder con las imágenes que éste selecciona.
Las fotografías de Alfonso de campesinos asesinados en revueltas en Castilla La Mancha  en 1936, seguramente no tuvieron mucha vida pública en su tiempo, ni ninguna repercusión mediática, ni influyeron en la historia de aquellos días.
Sin embargo gracias a los historiadores como Publio Lopez Mondejar entre otros, ahora tenemos la oportunidad de reescribir y analizar la historia con imágenes que aportan datos y hechos que no conocíamos.

¿La historia de la fotografía no cambia con la irrupción de un fotógrafo desconocido?
¿Acaso Luis Ramón Marín no tiene la calidad de August Sander o de otros fotógrafos coetáneos?
¿Quién decide estas cosas, algún sesudo teórico en una noche de luna llena?
¿Los retratos en blanco y negro de Vieitez o de Marín no están a la altura de otros grandes nombres que están en la historia de la fotografía?

Creo que reubicamos a los autores que salen del olvido por la calidad de su trabajo y por la importancia que tienen para interpretar la historia de un colectivo.
La historia norteamericana del siglo XX no estaría completa sin las imágenes de la FSA de Walker Evans y Dorothea Lange, igual que la guerra civil española tampoco lo estaría sin el trabajo de Agustí Centelles.

El error está en una parte de aquellos que siempre han despreciado a la fotografía documental, y que desde hace unos 15 años para acá se han convertido en expertos críticos, galeristas, curadores o ensayistas y se permiten el lujo de impartir su justicia divina separando lo que ellos consideran arte de la fotografía documental.
Como siempre los menos capaces deciden quienes están bajo los focos y a quienes hay que apartar. Siempre existen intereses ocultos, en este tipo de selecciones que marginan a aquellos que son molestos.
Hemos visto en estos años como ciertos sectores de la fotografía de este país han tratado de minimizar, desprestigiar e ignorar al Grupo AFAL. Si estas intentonas de marginación hubiesen tenido éxito, nadie o sólo una pequeña parte conocería la importancia de este grupo en el desarrollo de la fotografía de este país en la segunda parte del siglo XX.
Las imágenes que se encuentran ocultas, en muchos casos han sido víctimas de la incomprensión, de la envidia, de la marginación interesada o de las purgas políticas.
Así funciona este país, los más tontos y corruptos nos gobiernan y administran, y este esquema se reproduce en todas las parcelas de poder e influencia de nuestra sociedad.

Virxilio Vieitez ©

Virxilio Vieitez ©

Alfonso, 1932 Juicios sumarisimos a campesinos por levantamientos de protesta. Villa de Fadrique

Alfonso, 1932 Juicios sumarisimos a campesinos por levantamientos de protesta. Villa de Fadrique

Vivian Maier

Vivian Maier

August Sander

August Sander

 

 

 

Paul Hansen, Worldpress Photo 2012

Paul Hansen, Sweden, Dagens NyheterWorld Press Photo 2012

Paul Hansen, Sweden, Dagens Nyheter
World Press Photo 2012

Paul Hansen ha sido el ganador del World Press Photo 2012. Este concurso recoge todos los años lo mejor del fotoperiodismo internacional. Las fotografías de estos prestigiosos profesionales que capturan todos los crímenes e injusticias que “el poder” es capaz de producir. Curiosamente no se fotografía a los responsables de que esos hechos sucedan si no a las víctimas. Podemos decir que el fotoperiodismo recoge las imágenes de las víctimas de aquellos que ejercen el poder injustamente, amparados en el dominio económico, político y militar.
También las noticias pasan de la primera página a la última con suma facilidad. Ya no se habla de la masacre consentida por el mundo civilizado en Siria, y el foco se ha dirigido a África y a esa nueva guerra colonial en defensa de las materias primas.
En el fondo el gran capital internacional necesita sus focos de violencia para que sus industrias de armamento sigan obteniendo beneficios. Necesitan las guerras para que sus productos se vendan y sean remplazados por otros nuevos más sofisticados.
En medio de todo este circo están los fotógrafos, profesionales que aman su trabajo e intentan cada día obtener las mejores imágenes que ilustren esa realidad que esta sucediendo. Muchos de ellos han pagado con sus vidas el ser testigos incomodos por parte del poder de turno.
Los premios del World Press Photo están incompletos, falta la categoría de los retratos de los criminales del año, presidentes de gobierno, jefes de estado, financieros, jueces, todos aquellos que se han destacado por convertir la vida de millones de personas en tragedias mortales.
Por otro lado la profesión de fotógrafo en nuestro país es una profesión de riesgo. No hay pudor por parte de los grandes grupos editoriales en robar las imágenes de los fotógrafos para publicarlas en sus medios, sin mencionar al autor y mucho menos pagarle. El último caso ha sido el de Tino Soriano y su imagen reproducida en estas circunstancias en la  El País. Es vergonzoso que esto suceda y se respete tan poco a la profesión de fotógrafo.

Paul Hansen ©

Paul Hansen ©

Paul Hansen

Paul Hansen ©