Perder La Inocencia

Rafael Roa © 2006 – Prueba para vídeo

Cuando empezamos a fotografiar, nos acercamos al uso de la herramienta como un niño con
sus juguetes nuevos. Tratamos a nuestra primera cámara como un objeto único y precioso,
que cuidamos con esmero.
Miramos una y otra vez por el visor, lo cotidiano nos parece mágico, cuando por primera vez empezamos a fotografiar y a seleccionar nuestras primeras escenas.
Poco a poco, la cámara se convierte en un instrumento habitual, pero quizás ya ha perdido esa
mística inicial que tenía.
Estamos en el buen camino, empezamos a comprender que la herramienta es sólo eso, un aparato
que nos permite capturar imágenes, y que lo más importante son las ideas que seamos capaces de desarrollar.
Todos los fotógrafos hemos ido seleccionando con el tiempo, ese tipo de historias que queremos
contar, éstas evolucionan de manera natural, según vamos cambiando y creciendo, en lo personal
e intelectual.
Siempre he dicho que nuestro trabajo es una síntesis de los que somos, podemos tener épocas de sequía de ideas en las cuales nada fluye, y nos entren las dudas, el desanimo.
Estos tiempos siempre se acaban, si no abandonamos y seguimos trabajando.
Lo importante es estar dispuesto a construir algo de una manera sólida y coherente.
Ninguno de los grandes fotógrafos y artistas que admiramos son fruto de la casualidad, nadie que tenga una obra de peso basa su éxito en la suerte, todos se apoyan en el trabajo y el método.
Todos comunican sus historias, con la coherencia del estilo narrativo y estético que han ido
destilando en constante evolución durante el paso de los años.
Así podemos ver la trayectoria de aquellos que nos interesan y veremos los puntos de inflexión
donde su obra ha ido tomando otros derroteros, pero al final veremos una coherencia que nunca
será fruto de la casualidad o el azar.
Aprendizaje continuo, evolución y trabajo, ese es el único camino para que lo sólido que seamos
capaces de construir, no se desvanezca en el aire.

Deja un comentario