Nada Que Contar

rafael roa © 1992
Hoy no tengo nada que contar, he aparcado dos historias en la memoria del ordenador,
estoy seco.
Nada que decir, he caminado en silencio junto a resignados hombres en una protesta silenciosa,
quizás simbólica, de esas de a toro pasado, cuando todo es ya irreversible.
Yo hacía fotos sin ningún interés, algún fotógrafo imbécil de la nueva hornada empujaba con
mal rollo para sacar la foto de los líderes, le he lanzado una mirada de esas que fulminan,
el tipo tenía la nariz rota, seguramente alguien le ha debido dar una hostia merecida.
Cuando ha pasado el cortejo he hecho algunas fotos más del atardecer, no me interesaba
nada ese entierro de voluntades vencidas, la derrota y la aceptación de los hechos me pone
nervioso. Me he ido con mi colega a tomar unas cervezas mientras reflexionaba sobre todo
lo sucedido en silencio.
La película ya tiene final, y no me gustan ni los protagonistas ni los efectos especiales,
echo de menos mi vieja Nikon F2AS de titanio y esa forma de trabajo, no me interesa mucho
de lo que veo alrededor.
Nada más que contar del evento pero algo más sobre la fotografía, ese acto mágico
que captura momentos, importantes, banales, simplemente recuerdos. Manejar la luz y saber
que hacer en cada momento es igual de apasionante que meterse en una gran cámara oscura
y ver el exterior invertido al fondo. Esa magia de la formación de las imágenes quizás sea lo
que más me interesa, la sensación que nos produce esa simple observación de ese hecho.
Me he pasado muchos años de mi vida, buscando miradas que retener en una fotografía,
paisajes o cuerpos que me seduzcan, entusiasmado por la realización del acto fotográfico,
sintiendo el gozo y la pasión por todo aquello.
Por eso detesto a los sujetos como nariz rota que no tienen respeto por los colegas y que
fotografían con el mismo interés que lo hace un puerta de un garito.
Como veis no tengo nada que contar y hoy estoy seco de ideas, no me gustan ni los
gorilas que empujan, ni la resignación de las gentes ante su destino, siempre debemos tener
ese último aliento de rebeldía ante la injusticia.

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