Moscú

Rafael Roa © 2007
En el 2007 estuve en Moscú, Karina Karaeva me invitó a proyectar mi trabajo
de vídeo en el NCCA, fue una experiencia única, andar por una ciudad con 
temperaturas entre -16ºC y -23ºC, abriendo los ojos para empaparme de toda
esa arquitectura grandiosa. Pienso que las ciudades sólo se conocen si caminas,
así las descubres poco a poco, ves lugares ocultos y matices que los turistas
que viajan como las maletas son incapaces de percibir, descubrí una ciudad
tremenda que te apabulla por su grandeza y una gran variedad de miradas que
se cruzaban conmigo en medio de ese frío. De repente en la Plaza Roja una
mañana de sábado aparecieron unos novios casi a pecho descubierto, ella
bajo el vestido de novia llevaba unos potentes pantalones de cuero blanco
para protegerse del frío, se hicieron una foto y después se dieron este beso
apasionado que yo capturé con una mala cámara compacta que tenía en ese
momento. Fue un momento inesperado, quizás mágico bajo ese aire que me
cortaba las pupilas, dos jóvenes compartiendo esa pasión y esa entrega en
un día feliz de sus vidas. Más tarde me encontré con otras miradas de viejos
comunistas que protestaban por algo, algunos llevaban sus medallas ganadas
en la segunda mundial, capté una mirada de una mujer mayor, sin esperanza,
resignada a su suerte.
Rafael Roa © 2007

Sigues callejeando, mientras se oculta el sol poco a poco y descubres una réplica
de la torre de Tatlin adornando un edificio, ese monumento a la III Internacional
que nunca se construyó, poco a poco llega la noche, y te refugias en la residencia
de artistas donde compartes apartamento con un curator de Minsk y un físico de
Kaliningrado, el té negro y el vodka animan nuestra charla, espero volver en
verano donde los días son más largos y la brisa más cálida, y descubrir otro matiz
de esta ciudad que me cautivó nada más llegar.
Rafael Roa © 2007

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