Límites

Rafael Roa © 2018 / De la serie Off Limits

El tiempo se suspende en el final de la vida entre el ser y dejar de ser, ese límite no visible entre dos mundos irreconciliables, como la luz y la oscuridad. El límite como frontera, como paso a otro estado físico y también el límite de la prohibición, la barrera que impide el paso y protege posesiones o estados.
Lo efímero, como concepto de pérdida eterna en la vida, todos los actos que realizamos dejan de ser no visibles.

Ese sueño imposible de eternizar lo efímero, de retener el tiempo de felicidad y pasar a la velocidad de la luz los instantes de pesar que oscurecen nuestra vida.

El límite como sinónimo de prohibición continua, de represión individual o colectiva en beneficio del poder que nos controla y dirige. Pero a pesar de todo no hay límites en el pensamiento propio, en la producción de esas imágenes no visibles que sólo nosotros somos capaces de ver y modificar a nuestro antojo. Ese es el único espacio de libertad que nos queda, nadie puede controlar nuestra capacidad de imaginar, de pensar y de reflexionar íntimamente alejados de todo y de todos.

Y vuelvo a darle vueltas a la cita de Paul Klee sobre los diferentes estados no visibles que nos encontramos en nuestro recorrido por la existencia y no-existencia. Algo similar ocurre con las imágenes, son visibles aquellas que materializamos, ese instante de tiempo retenido que la fotografía captura, ya está enterrado en el pasado.

Esa fascinación que nos seduce de esta herramienta, de eternizar los recuerdos, ese fugaz acto en el cual la luz atrapa el instante y nos deja un objeto dispuesto a ser manipulado e interpretado por el autor. Jugar con esa imagen latente o con ese archivo digital y proceder a nuestro antojo.

El resultado final se alejará infinitamente del momento vivido, ya imposible de volver a ver. Todo lo que nos queda es una captura que sólo imitará lo vivido y nos lo acercará vagamente.

Los límites vuelven a actuar para impedirnos recrearnos en las imágenes del pasado, igual que jamás volveremos a sentir el tacto de la piel que amamos en nuestra juventud.

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