Las Miradas Perdidas Y El Hedor

Germaine Krull , 1928Bal Musette, París

Germaine Krull , 1928
Bal Musette, París

Esta fotografía de Germaine Krull es un ejemplo de la propia vida, de las ilusiones de los seres humanos. Miradas de otros tiempos desaparecidas, sepultadas, recuerdos que sólo la fotografía rescata. Atget y su París transformado, nada resiste al paso del tiempo, sólo las fotografías son las pruebas de aquella realidad pasada. Miradas e ilusiones, alegrías y tristezas, miserias y desesperación. Esta herramienta que nos ha servido para guardar nuestros recuerdos, se ha transformado en el aspecto técnico perdiendo una de sus principales características, su fuerza probatoria de un suceso, de un hecho.
No queda ningún rastro de aquellos que nos ofrecen esas miradas, de ese mundo inexistente que permanece sólo en una fotografía.
La materia se transforma y los nuevos actores entran en escena sustituyendo a los que ya  han cumplido con su papel.
Ladrones que nos gobiernan, lacayos del capital, títeres del sistema que van a ser sustituidos por sus jefes que ya no soportan tanta torpeza. Sus miradas de delincuentes no merecen ser recordadas. La jefa de la camada comparece para mentir y justificar sus fechorías.
No hay salida. sólo las huidas personales a tus paraísos inexistentes. La nueva función del circo se prepara. Venderán a las masas alternativas de regeneración democrática.
Maquillaran y pondrán bajos los focos a sus nuevos mamporreros, parecerán honestos, la esperanza blanca del boxeador noble, para engatusar de nuevo a otra generación que vuelva a creer en sus trucos de trileros. Esconderán la bola bajo el vaso, y nos darán el cambiazo de nuevo.
Vota, participa, hay que superar las dificultades, la patria, la bandera, la solidaridad como gesto. Palabras y mentiras para seguir empujando la noria de sus beneficios.
Weege y su oficina móvil, el maletero amplio de aquel viejo coche transformado en laboratorio y oficina de prensa. Weege, el hombre silencioso que se enamoró de una belleza inalcanzable, y que fotografiaba a los sentenciados por la justicia de la mafia.
Mario Puzo, reflejó en sus crónicas sobre la mafia una frase: “Ha llegado el tiempo de matar”. La justicia mafiosa no perdonaba errores y éstos se transformaban en los cadáveres que silenciosamente fotografiaba Weegee.
El calor de la noche, el verano asfixiante de Nueva York, los llantos de los niños, y el jadeo del placer y del deseo. Las masas sepultan sus miserias amándose, no les dejan otra salida. Sin hacer mucho ruido para que el niño no se despierte.
Se prepara una nueva farsa, me dejaré seducir por las miradas de los retratos de Avedon, mientras espero pacientemente que el tiempo sepulte el olor pestilente de los corruptos. La noche es segura, y su silencio inmenso, amigo  disfruta de ello.

Weegee en su oficina móvil

Weegee en su oficina móvil

 

Richard Avedon © 1970Jimmy Durante

Richard Avedon © 1970
Jimmy Durante

Comentarios

  • Horacio

    Uno de tus mejores post, al menos para mí.

    • Muchas gracias, espero que te guste el de esta noche, un saludo

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