La Playa

Rafael Roa © 2010

La playa es un lugar que me produce sensaciones contradictorias, me gusta el mar
y me gusta disfrutarlo pero siempre a horas poco comunes o en lugares solitarios, 
cuando las obligaciones familiares me arrastran allí a horas punta trato de
sobrevivir aislándome del mundo con la lectura o la música. Un día de playa 
es como una novela de realismo sucio, no hay pudor, mesura o sentido del
ridículo, la gente es capaz de asesinar por plantar su sombrilla en primera
linea emulado a los yankis en Ivo Jima, todo se convierte en un espectáculo
dantesco tipo documental de abejas donde la masa saca a relucir sus más bajas
pasiones y su falta de sentido común para comportarse.
Todos hemos fotografiado playas, gente, buscando la luz, la estética o la crítica,
todos hemos vistos las voluminosas mujeres de Pérez Siquier, o la luz de Joel
Meyerowitz, los perros en la playa de Valentín Sama por poner tres ejemplos,
entre los miles que existen en la historia de la fotografía, ya que bien podíamos
hacer una gran exposición sobre el tema y seguramente estarían incluidos
todos los grandes fotógrafos. Esta es la atracción que produce el mar, que nos
seduce de tal forma que somos capaces de aguantar todo tipo de incomodidades,
y a sujetos molestos a nuestro lado con tal de estar cerca, de sentir su olor y su
sonido.
Rafael Roa © 2010 

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