La Mujer y El Mundo

Rafael Roa © 1994

Siempre me interesó la mitología, las columnas talladas cómo figuras humanas
soportando un capitel o simplemente esculturas de Dioses soportando el peso
de planeta. Me gustaba la idea de hacer la fotografía con una mujer esbelta,
sensual en un equilibrio inestable soportando el peso del planeta, salvándonos
a todos de la catástrofe. Ella era una mujer muy atractiva con curvas, alta,
con una belleza natural y espontánea para ser modelo, quizás me gustaba por
eso, porque su cuerpo sensual era acompañado de una personalidad fresca,
natural, sin tapujos. Estaba lejos de aquellas barbis con las que compartía los
castings, chicas poco naturales, artificiales, seudo actrices todo el día,
tratando de ser divinas y perfectas, todas más falsas que un bolso de mercadillo.
Era fácil trabajar con ella, le explicabas el concepto, lo que querías y se metía
en el papel en un abrir y cerrar de ojos, te daba la expresión que la fotografía
necesitaba, o la mirada que yo andaba buscando, en definitiva se portó como
una Diosa en todas las sesiones que hicimos juntos, salvó el mundo
del caos como un personaje heroico de una tragedia griega y siempre se
despedía con una sonrisa franca y fresca.
Mi mundo siempre estaba seguro en sus manos.

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