La Imaginación, La Razón y Ese Potro Salvaje

rafaelroa © 1998-2011

Las miradas son importantes siempre, en la vida y en la fotografía. Me considero un coleccionista
de miradas, gestos, formas, de todo aquello que un ser humano me puede regalar. Siempre me
cuesta mucho escribir sobre fotografía, tratar de expresar las sensaciones que me produce la
obtención de las imágenes que realizo, siempre he pensado que esa era la causa por la cual me
gusta la fotografía.
Me expreso a través de lo que produzco, antes mi proceso de trabajo era más directo, una
idea y una imagen, pero ahora estoy en una fase de producir sobre mis propios retales, fotografías
hechas con anterioridad y mezcladas ahora en una especie juego infantil, como collages de las
viejas revistas de mamá.
Quizás esto venga de mi experimentación con el vídeo, de ese gusto por el montaje, por construir
una historia con fotogramas, a veces inconexos que expresen todo aquello que quiero contar en
un momento determinado.
Esta tarde estaba hablando con Maria Jesús Abad, artista y amiga sobre la exposición de
Raymond Roussel  “Locus Solus” en el MNCARS. Le comentaba que yo no tenía tantos datos
para poder juzgar la influencia de Roussel en el arte contemporáneo pues no conozco en
profundidad su obra para juzgarlo. El conocimiento es lo más importante para poder hablar con
rigor de los temas que se tratan. Lo que es indudable es la influencia de la literatura en el arte.
Cuando leemos, nos creamos las imágenes que el escritor nos transmite, y lo hacemos a nuestro
gusto e interpretación, a partir de ese momento podemos intentar recrear esa figura literaria
mediante la construcción de una imagen propia, hecha a la medida de lo que somos, de nuestra imaginación, y de nuestras sensaciones personales.
Construimos nuestras propias imágenes a partir de nuestras realidades y éstas son una síntesis de
lo que somos. Usamos el concepto de imaginación en su definición sobre la creación, como una
mezcla de la imagen mental y de la invención.
Al final siempre se produce ese conflicto en la fase de la creación, entre la pasión y la razón, es la misma lucha de las luces y las sombras, esos equilibrios difíciles para poder dar con el tono exacto
de lo que estamos construyendo.
Pero a veces el elemento sorpresa rompe todas las teorías, pasa por encima de la razón, y empuja
a la parte más visceral de nosotros mismos a una larga carrera sin retorno que nos lleva a construir
algo único que no habíamos imaginado antes. Esos son los momentos más importantes, como
cuando te sientes amado y crees que el tiempo es infinito, y no te quieres bajar del potro salvaje
del deseo.

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