La Fotografía, Lo Efímero De La Existencia

Rafael Roa © 2014 Body and Knife / Sony a7R
Rafael Roa © 2014
Body and Knife / Sony a7R

La vegetación tropical de aquel jardín ocultó la tumba de aquel hombre. La casa corrió la misma suerte. El abandono produjo que todo se transformarse en una especie de cueva donde los pájaros anidaban y los animales de la zona la habían hecho suya. Nadie del pueblo había vuelto por allí después de enterrar al viejo y saquear la casa. No tenía familia y nadie le iba a echar de menos, era normal dar uso a sus pertenencias. Lo único que quedó en aquellas paredes fueron las fotografías que formaron parte de sus recuerdos, nadie las quiso rescatar del olvido y se estaban deteriorando con la humedad y el calor.

Se fueron borrando poco a poco hasta convertirse en un abstracción irreconocible, todas las miradas de aquellos personajes se habían perdido. Las fotografías ya no podían ser una prueba irrefutable de aquellos momentos de felicidad. En alguna todavía se podía ver el cuerpo desnudo de una mujer que estaba tumbada sobre una cama iluminada con la clandestinidad de la luz sobrante que entraba por aquella persiana. En otra, una pareja abrazados miran hacia la cámara, sentados en una tumbona del porche de madera. Recuerdos de un pasado efímero e inexistente, las últimas pruebas de aquellas vidas avanzaban hacía su total desaparición. Nadie quiere guardar los recuerdos de otros ni coleccionar las miradas ajenas e inexistentes. Sólo un fotógrafo es capaz de guardar las fotografías de los otros. Son historias personales ya desaparecidas y moldeadas por una estética que ya está fuera de uso. Restos de aquella fotografía química que las nuevas generaciones nunca conocieron.

La fotografía de aquellos años producía en los que la experimentaban diferentes sensaciones. Todo tenía su tiempo y un ritual que debía cumplirse. El encuadre, medir la luz y hacer la toma. La espera impaciente hasta revelar el negativo sobre el cual empezábamos a previsualizar como podría ser la copia final. El olor a los químicos y las noches de positivado en habitaciones pequeñas y calurosas. La emoción de ver como la imagen surgía en la cubeta del revelador y el ritual metódico del proceso hasta el secado y planchado de las mismas. Las texturas de aquellos papeles que al contemplarlos podíamos sumergirnos en la profundidad de sus negros infinitos. Eran sensaciones irrepetibles como cuando se ama por primera vez. Hay que seguir produciendo imágenes con las tecnologías que ahora tenemos a nuestro alcance. Los que conocimos la fotografía química tenemos recuerdos y sensaciones que otros no tendrán jamás. Repetir esos rituales y trabajar con aquellos materiales es algo que siempre nos llena de sensaciones profundas y únicas. La casa de aquel hombre se acerca rápidamente hasta su destrucción total, muy pronto ya ni será recordada.

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