La Feria

Alberto Roveri © Silvio Berlusconi 1977, fotografiado como un mafioso

Eran las fiestas de aquel pueblo de la costa que había tenido un gran desarrollo urbanístico en los últimos años. Muchas de las fiestas de los pueblos de este país son el en mes de Agosto, como es habitual hay baile en la plaza bajo las bombillas de colores, puestos de comidas y ventas de baratijas, y atracciones para gentes de todas las edades.
Pepe era el alcalde de ese lugar, era del partido de derechas de toda la vida, de esos patriotas que aman mucho a su patria. Antes de ser alcalde tenía una pequeña tienda de ultramarinos, pero por el origen fascista de su padre fue captado por ese partido de los buitres corruptos que lo sacó de una formación de extrema derecha.
Ya no vivía en la modesta casa familiar en el centro del pueblo, gracias al desarrollo urbanístico había quintuplicado su población, con grandes urbanizaciones de lujo frente al mar que ocupaban las dos colinas que enmarcaban la bahía donde se encontraba este paraje tan encantador y que gracias a su gestión había dejado de serlo.
El tenía un gran chalet en la cima de una de las colinas y su amigo Antonio el constructor poseía otro igual en la colina de enfrente. Esas pequeñas colinas antes eran zonas protegidas pero pasaron a ser urbanizables a los pocos meses de que Pepe fuese nombrado alcalde.
Pepe multiplicó por mil su patrimonio, poseía coches de lujos y un velero de 21 metros de eslora igual que su amigo Antonio, uno de los veleros se llamaba “Tanto Monta” y el otro “Monta Tanto”.
Se creían los dueños del universo y de hecho lo eran, junto con el director de la sucursal del banco del patriota de la formula I, eran los que partían la pana en ese lugar.
Estaban tan aburridos que las orgías con prostitutas de lujo, drogas, alcohol o intercambios de sus parejas habituales era lo único que a veces les sacaban de es hastío producido por la creencia de aquellos que piensan que son intocables o dioses.
Pero el mayor secreto de Pepe y su icono particular era una fotografía de su gran ídolo, Il Cavalieri Silvio Berlusconi fechada en 1977 en la que aparece con un magnum 357 simulando ser una grande de la mafia.
Cuando la contemplaba su orgasmo era mayor que cuando la mujer de Antonio su amigo constructor se la chupaba.
Su objetivo político era el puesto de la rubia inculta y hortera que era la alcaldesa de la capital de la provincia, una pájara que veía normal recibir todo tipo de prebendas de lujo por ocupar el cargo público de alcaldesa.
Pepe miraba la foto del Cavalieri y pensaba en voz alta “Rubia voy a por ti”.  

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