La Chica de Pelo Rojo & El Flujo

rafaelroa© 2007

Los viernes en esta época del año me entra una vena nostálgica, debe ser la brisa suave, el silencio,
o la tranquilidad de la habitación en penumbra.
Me gusta estar solo, escuchando a mis músicos favoritos mientras cae la tarde, el ocaso me va a
hacer disfrutar de esa hora violeta en la cual que confunden lentamente las sombras, se pierden los
tonos y difícilmente se adivinan las texturas.
Me gusta agarrarte de las caderas mientras estoy dentro de ti, ver como te contoneas, observar tu
espalda, y ver tu cuello moverse al ritmo del placer, como respondes a cada movimiento mío,
y gozas, sentirte y hacerte gozar supone para mi un placer infinito.
Veo tus fotos, recuerdo los instantes, y otras fotografías de otros fotógrafos que nos muestran
las pasiones y los deseos, algunos poemas de José Hierro me vienen a la memoria, aquella
habitación romana cerca de la estación Termini, y tu cuerpo sombreado por las persianas de
madera, que bella cebra, poderosa y sensual, de pelo rojo y mirada profunda.

Fernan Fonssagrives © 1935

Ha sido un día largo, he visto con mi amigo Valentín Sama una de las exposiciones más
lamentables del programa oficial de PHE 2011, la verdad es que se han lucido este año,
debe de ser la crisis o que el cabo furriel más tonto ha organizado el desfile, que quieran
engañar a los coleccionistas de sellos me parece triste, pero que nos la quieran meter dobladas
a los que conocemos el pasado de la fotografía y estamos a la última en lo que se esta haciendo
es todavía más triste.
Llego a casa de una sesión en exteriores, el proyecto marcha y cada día tiene más cuerpo,
hoy he experimentado ese placer íntimo del fotógrafo, sigo leyendo y me encuentro con la
palabra, esa que detesto y siempre me suena a placer sexual, “El Flujo de Trabajo”, si
alguien me pregunta eso en un taller que se prepare.
Siempre hemos trabajado llamando a las cosas por su nombre, no hemos necesitado términos
absurdos sacados de películas de ciencia ficción o de informáticos de medio pelo, la fotografía
era intuitiva o más reflexiva, y el fotógrafo sabia cual eran las pautas de trabajo.
Estamos en un mundo lleno de términos absurdos y formas mediocres de trabajo, creo que
ahora la palabra autocrítica es algo obsoleto que nadie usa, palabras sin contenido e idiotas que
se creen faros referenciales en el mundo digital, poderosos profetas que son seguidos por una
turba de ignorantes que matarían a su madre si esta les cortase la conexión.
Creo que según iba escribiendo me ha cambiado el humor, empecé con recuerdos, ternura, y
acabo comentando aquello que me indigna, es mejor que me tome algo y no siga por esta
carretera de la costa, Hitchcock era un maestro en estas escenas, descubro una fotografía de
Mario Sorrenti que intenta ser transgresora, pero sólo es una foto de moda con un viejo truco.

Mario Sorrenti © 2010

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