La Casa De La Colina

rafael roa © 2011 – Women in wrong places – Genoveva Santiago, Actriz

Estaba en aquella casa acristalada sobre la colina, desde fuera no se podía ver quien la habitaba,
pero desde el interior se contemplaba el paisaje con todo detalle. Observaba las luces del
tráfico serpentear por aquella carretera que subía desde la ciudad, el atardecer había sido
espectacular, lleno de esos tonos rojizos y malvas de final del verano.
Todo estaba en silencio, la casa tenía esa estética pulcra de metal y cristal, pantallas led en las
paredes que reproducían fotografías y vídeos.
Un gato siamés negro se deslizaba silenciosamente, sin hacer ningún ruido sobre aquel suelo
de mármol donde se reflejaba su propia silueta.
Estaba tumbada sobre aquella chaise longue de Mies Van Der Rohe, contemplaba ese paisaje
nocturno de luces que se extendían hasta el horizonte, en la oscuridad de ese gran salón
acristalado, iluminado sólo por el reflejo de las pantallas que proyectaban imágenes en loop.
Era muy bella, rubia con unos ojos azules que brillaban en la oscuridad, con unos labios muy
sensuales. Su cuerpo perfecto acariciaba el cuero de la chaise de Der Rohe. Un ambiente pulcro,
perfecto, un paraíso en lo alto de aquella colina lejos de la miseria y las tensiones de la gran
ciudad. Se podía pensar en ser dios desde ese lugar, seguro, bello y perfecto, inexpugnable, donde
por las noches su piel era acariciada por las sedas más suaves jamás fabricadas.
Todo estaba en silencio, un suspiro podría asemejarse a una tormenta tropical. El aire perdía toda
su densidad, aquel lugar era tan perfecto que causaba pavor a quien no estaba acostumbrado a
vivir allí.
Desde donde estaba sentada veía un reflejo intermitente que se producía sobre un cuchillo, en el
cesto de los tomates, cada vez que había un cambio de imagen en aquella pantalla, el cuchillo
emitía un destello puntual que perturbaba aquella penumbra perfecta.
Se levantó y caminó descalza hacia la cocina, miró al suelo sin demostrar ningún tipo de
sensación, todo estaba igual que cuando ella termino su trabajo, la misma mueca inerte mirando al techo.

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