La Bailarina

Rafael Roa © 2007
Tenía unos ojos claros y unos labios sensuales, había venido del país
de la revolución de Octubre, de sus largos inviernos, era dulce, sensible
y también ese tipo de mujer que nunca se rinde.
Soy un profano de la danza, siempre me gusto el ballet clásico, pero a
comienzos de los años ’80 me deje seducir por la danza contemporánea en
una actuación de Trisha Brown. A veces poner movimiento a los silencios
es siempre más difícil, la ausencia de una música que nos marque un ritmo
puede ser similar a la de una narrativa visual no lineal, la expresión del
cuerpo nos cuenta una historia como nos puede ser contada por imágenes.
Esta bailarina rusa tenía el caracter y la tradición de la danza de su país, la
experiencia que hacen a una niña convertirse en mujer con la dureza del
ballet y las estrictas escuelas de su país que tantas figuras han dado.
Yo aprendo de aquellos profesionales que me enseñan a disfrutar con sus
conocimientos, de los matices de esta forma de expresión, eterna, sensual,
y apasionada. En este país tenemos a un gran fotógrafo de esta especialidad
que es Fernando Marcos, que da a sus fotografías una fuerza plastica que 
enriquece el trabajo de los propios bailarines, los inmortaliza en momentos
sublimes con sus fotografías, os recomiendo que no dejéis de ver su web.
Conocer a una gran coreógrafa que te enseña a mirar y apreciar este arte
es una gran suerte que pienso aprovechar para acercarme más a esta gran
forma de expresión.

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