El Verdugo

Rafael Roa © 1994

Siempre hay un brazo ejecutor del trabajo sucio del poder, alguien que oculta su rostro
y que no le tiembla el pulso para ejecutar de forma sistemática las ordenes que recibe.
Antes los verdugos tenían un top ten, los reyes a veces los contrataban por su fama
para hacer algún trabajo fino, especialistas de espada, hacha, diestros en el último
golpe, había una cierta estética en su manejo de los instrumentos de la muerte.
Ahora van con trajes de grandes diseñadores, vuelan en jet privados y manejan todas
las tecnologías posibles, dando las ordenes a golpe de móvil, juegan con el mundo
como Charles Chaplin interpretando a Hitler, pero más a saco, sin tantos miramientos.
Mientras las masas repiten sus tradiciones de una manera estúpida, se disfrazan y
compran regalos de navidad invadiendo los centros comerciales como rebaños
sumisos, ellos manejan las fechas más idóneas para arruinar países, desestabilizar
gobiernos o provocar guerras para obtener grandes beneficios con al industria de la
muerte, ellos ahora tienen una gran ventaja sobre sus antepasados, no les salpica la
sangre de sus víctimas sobre sus trajes negros.

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