El Ritual de La Nada

rafaelroa © 2003 – 2011

Acabo de leer un artículo sobre la obra de Christian Boltanski de un periodista chileno, Carlos
Yusti. Es interesante la reflexión que hace Yusti sobre el arte, lo banal, las tecnologías y los
envoltorios. Él hace una reflexión similar a la mía desde otro continente.
El fin de semana pasado di un taller en Sevilla, unos alumnos estupendos, un ambiente
fantástico.
Hoy estaba viendo las fotografías de las modelos que amablemente posaron en el taller para
seleccionar y enviarles sus fotos. Me ha llamado la atención la mirada de una de ellas.
Ojos llenos de esperanza, ilusión, búsqueda de algo mejor.
Todos queremos algo así, unos mantienen esa ilusión infantil de querer obtenerlo, otros
pisamos sobre las grietas de la tierra y sabemos lo que es posible y lo que no.
Los rituales se repiten siempre, los ciclos históricos y los personales, hay una reiteración de
los actores con escenas similares. Hay una retórica constante y estéril, siempre lo mismo,
el mismo cuento y los mismos finales.
Esa mirada de la chica me chocó, era de esas expresiones ingenuas, llenas de ilusión, que
se emocionan y disfrutan las pequeñas cosas de la vida. En el fondo estoy seguro de
que ella disfruta su Ítaca más que mucha gente, aunque el suyo esté lleno de limitaciones.
El arte ya no es nada, no significa nada, dejó de tener esa aureola de algo importante que
merece la pena cuidar, el arte contemporáneo está muerto, perdió el significado que le
otorgaron las vanguardias y se ha convertido en algo como IKEA, fácil de usar, de ver, de
montar y de tirar, cuando ha salido la nueva colección y el taburete se tambalea.
Todo es una feria llena de personajes que interpretan su papel, galeristas, artistas, curadores, coleccionistas, críticos, y gente que se disfraza para estar a juego con los canapés.
Cuando hacía fotografía de moda me aislaba del entorno, me refugiaba en mi silencio y
escuchaba las gilipolleces de turno de las modelos, los diseñadores con complejo de dioses, los maquilladores…., gente divina que se corría de gusto por estar en un privado de una discoteca
de moda esnifando una raya de coca. El mundo del arte es similar, vas a Arco por ejemplo y
siempre ves a los mismos pavos reales creyéndose importantes e imprescindibles para que
el mundo siga dando vueltas, y cosas colgadas en las paredes, similares a las que no se
vendieron el año anterior que buscan a un primo que cargue con ellas.
Atraco a las 3, esa obra maestra del cine español de José María Forqué es una buena metáfora
para analizar este mundo.
Vas caminando por esos sitios y te encuentras a papagayos que te saludan con esas sonrisas
falsas y estúpidas, besos, restos de maquillaje, el sudor de sus manos, miserias que recibes de
forma gratuita.
Boltanski, su madre era cristiana y su padre judío, menudo marrón que se debió comer el
colega en su niñez, la muerte, el holocausto, esas pequeñas cosas que le marcaron.
A cada uno nos marcan una cosas, a mi las tapias llenas de agujeros de bala y las cunetas
de gente inocente con un tiro en la nuca, bendiciones a los verdugos, menuda mierda.
Denunciar los abusos no esta bien visto, decir lo que se piensa tampoco. Aquellos que tienen
cadáveres en el armario no quieren que se los recuerdes, igual que a los bastardos no los invitan
a los cumpleaños.
Me acaba de llegar la invitación de una amiga que expone sus trabajos, es honesta, no finge, ni
renuncia a su pasado, los estúpidos dudan de sus palabras, y los buitres secretamente la desean,
quisieran hincar el diente en su piel suave, lamer sus pechos, pero sólo la miran, codiciosos,
como hienas esperando un descuido.
Boltanski, a mi también me impresiona la obra de Goya, él murió en Burdeos, deprimido y triste,
por culpa de un Borbón, cabrón, cobarde que había regresado y recuperado el poder.

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