El Kinbaku, El Rito De Poseer

Araki © 1993

Araki © 1993

El bondage erótico de Araki, sus mujeres atadas, desnudas o vestidas, colgadas de sogas, otras en posiciones de penetración, listas para la posesión.
El fotógrafo que capta los rostros de los orgasmos en vivo, las penetraciones o las mujeres preparadas para el goce sexual. Su versión del Kinbaku, atar de una forma ornamental para alimentar el deseo, ser poseída sin remedio, las marcas de las ataduras en la piel.
Fotografiar los ritos del potro salvaje del deseo, aquellos que alimentan la búsqueda del placer infinito, que se extiende en el tiempo, siempre hay misterios que descubrir que no se encuentran sobre la piel sino  dentro de nosotros mismos.
Las miradas de esas mujeres resignadas a su suerte o quizás deseosas de que se ejecute el ritual muy lentamente para vivir cada marca de la piel.
¿Serán sus recuerdos surcos de lagrimas o felices instantes de deseos cumplidos?
Siempre hay dos papeles, el que quiere poseer y gozar con la entrega y sumisión del otro, y aquel que desea no tener voluntad y dejarse llevar hasta el infinito.
Araki ha fotografiado siempre a sus fantasmas, los ha sacado a pasear sin ningún tipo de reserva escandalizando a aquella parte de la sociedad más hipócrita, que no puede ver ni una arruga sobre sus sabanas de seda. Desear es sentirse vivo. Compartir tus sueños a través de tu obra es un acto generoso para con los demás. Las reglas del kinbaku prohiben causar daños físicos o psicológicos a quienes se prestan a estos ritos, así como no transmitir la técnica a terceros.
Da igual si lo entienden o no, o sólo son capaces de enviar dardos de desaprobación, porque ellos nos imponen las otras ataduras que las gentes nunca desean, y esas son las de la miseria, y la esclavitud para seguir produciendo las plusvalías de los reyes.


Nobuyoshi Araki ©

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