El Hotel

rafael roa © IPhone

Las habitaciones de los hoteles pequeños en ciudades de tamaño medio me recuerdan a las
películas de los hermanos Cohen. Silencio al amanecer, olor a mar, gaviotas, todavía la ciudad
duerme y el tráfico apenas comienza. Levantarse a las 5,30 de la mañana un sábado te
convierte en un ser extraterrestre, capturar imágenes con el móvil y ponerse a escribir tus
propias sensaciones lo confirma.
Una calle tranquila de una ciudad agradable y hermosa, sólo una ventana con luz rompe la
penumbra del edifico de enfrente, el luminoso del hotel en tonos malva bajo mi ventana,
la soledad disfrutada y ese silencio sublime que nos evita escuchar alguna estupidez.
La poesía de José Hierro escrita en Manhattan, las fotografías nocturnas de los grandes
genios olvidados como Gilbert Fasteanaekens, ese poeta de la noche, completan este
momento de tranquilidad y recuerdos.
Pienso sobre la fotografía, mi reflexión continua, sobre influencias, plagios y temas manidos
y morbosos que atraen siempre al gran público. Veo en una fotógrafa de reciente éxito el
trabajo de Nan Goldin, incluso su color, esos trucos sirven para engañar a la mayoría, pero
no a los que sabemos quienes fueron aquellos que innovaron y los que copiaron o se inspiraron descaradamente. Copiar o plagiar tiene que ver con la ética individual, los sin talento es lo que
hacen habitualmente tratando de engañar a los que no saben y ganar esa partida absurda del
éxito fugaz y efímero.
No se dan cuenta que al final van a caer en el pozo del olvido como todos, sólo los realmente
grandes sobreviven a los que apuñalan por la espalda, a pesar de esos asesinos baratos se
imponen al tiempo y ganan la partida de la eternidad.
No ha amanecido todavía, se empiezan a oír ruidos de cañerías y de coches en la calle, es hora
de comenzar el día poco a poco, va a ser intenso, transmitir lo que sabes supone unas dosis de
ilusión y energía, un ducha, unos poemas mientras saboreo un café caliente me pondrán las pilas
y al final la recompensa, antes del anochecer me acercaré a la costa rocosa de este mar bravo a impregnarme de su olor y de sus sonidos antes de regresar al caos del asfalto de donde vengo.

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