El Gesto

Rafael Roa©1980

A veces los gestos hablan más que las palabras, los usamos para sustituirlas
y evitarnos el tono de nuestras propias inseguridades, para que no salgan de
nuestros labios, palabras entrecortadas, balbuceos y así no trasmitir nuestras
dudas o nuestro rencor.
Los gestos sirven para eso, para incluso no mirar al otro, para hablar
sin sonidos buscando algo que es definitivo, un adiós o quizás hasta nunca.
Los gestos de las despedidas que no se desean son los más duros de aceptar,
porque uno sabe que todo ha llegado a su fin y no hay más allá de lo que hubo.
La gente camina un tiempo junto a ti y luego toma diferentes caminos al tuyo,
y lo mejor es aceptar lo inevitable antes de que todo llegue a término, para que
esas heridas no se conviertan en recuerdos dolorosos, incluso antes de volver
la cabeza por última vez.

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