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Rafael Roa © 1990 Experimentación personal con creación de PDH. Polaroid 55, 10x12cm. Copia 50x60cm

Rafael Roa © 1990
Experimentación personal con creación de PDH. Polaroid 55 10x12cm. Copia 50x60cm

Según Sebastiao Salgado la fotografía desaparecerá en unos 20 o 30 años. La fotografía ya ha cambiado debido a la llegada de la era digital. Quizás para mi no sea ese el debate más importante. La fotografía se ha ido modificando siempre desde su nacimiento a la par que surgían nuevos procesos. Cada cambio tecnológico en el siglo XIX iba acompañado de cambios estéticos y narrativos de la herramienta. Ha habido características que se han mantenido desde entonces, y quizás la más importante sea la de la puesta en escena que se mantiene en la actualidad. La mayor parte de la fotografía producida desde su nacimiento ha tenido una puesta en escena en mayor o menor grado. También nos hemos liberado de esa creencia de que la fotografía reflejaba la realidad y aceptamos que sólo sea una huella o imitación de aquello que “sucedió” en un determinado instante. Lo que ha cambiado desde la aparición de la era digital es el uso de la misma. Ahora nos comunicamos con imágenes que capturamos y compartimos desde cualquier dispositivo, en su mayor parte teléfonos móviles. Existe un afán irracional y obsesivo por capturarlo todo y compartirlo en las redes sociales. Hoy mientras visitaba la exposición de Robert Doisneau vi a varias personas fotografiar compulsivamente las fotografías de la exposición, en vez de analizar las imágenes y disfrutar de ellas. Muchas personas no viven la vida, sólo se limitan a capturar imágenes de todo lo que hacen, y compartirlo de forma inmediata en las redes sociales. Existe una necesidad obsesiva de mostrar cualquier acontecimiento cotidiano, exhibirse para ser observado por esa multitud de espectadores ávidos de recibir la aprobación de la comunidad virtual. Mostrar nuestra vida en imágenes es una obsesión para una mayoría de usuarios de teléfonos móviles y redes sociales.

Hace años escribí sobre este tema, y apuntaba que el mundo se dividiría en una gran mayoría de captadores de imágenes y una minoría de fotógrafos o artistas. Estos últimos usarían la herramienta desde la reflexión y la creación, a tráves de ideas o conceptos, que serian materializadas posteriormente en cualquier soporte fotográfico. Podemos volver a ese debate de la estética de la fotografía de la fotografía arte o sin-arte. Sería más acertado diferenciar entre la fotografía como forma de representación de las ideas y las capturas automatizadas que se producen cada día. Sin embargo muy pocas personas se cuestionan por el significado de las imágenes que consumimos, ya sea en el ámbito de la información o del arte.

¿Acaso las imágenes de las tragedias o las injusticias tienen algún efecto en la población que no dure más de 24 horas?

Todo se asimila y olvida. Nada produce la más mínima reflexión o autocrítica. La memoria de pez funciona a la perfección. Se ha escrito mucho sobre esto y de formas muy acertadas por filósofos que ya he citado en otras ocasiones. Quizás nos encontremos en una sociedad cada vez más alienante y fácil de manipular que sólo se mueve por la conservación del hábitat de confort de forma individual. Por lo tanto todas las manifestaciones colectivas reflejan y tienden a aceptar cualquier cosa. El pensamiento crítico es cada vez más reducido y esto afecta a las formas artísticas de producción que están controladas por el mercado del arte. La fotografía existirá siempre que fotógrafos o artistas estén dispuestos a producir imágenes que materialicen ideas, sentimientos o sensaciones personales. La producción de los captadores de imágenes ya es un equivalente de la comida rápida. Nadie se acuerda del sabor de este tipo de comida, y de la misma forma nadie recuerda las últimas diez imágenes que ha visto en una red social dos minutos antes. La reflexión y el trabajo dirigido a la consecución de los conceptos a materializar en imágenes será la base de la fotografía que nos volverá a producir ese Punctum del que hablaba Roland Barthes. La fotografía-arte se imprimirá recuperando ese objeto plano que muestra una imagen, y volveremos a disfrutar de los nuevos matices de impresión y de procesos clásicos que usaran aquellos artistas interesados en una mejor representación de sus obras.

Rafael Roa © 2004 De Omnibus Est Dubitandum

Rafael Roa © 2004
De Omnibus Est Dubitandum

Dudar de todo, buscar incesantemente el significado de las cosas, de todo aquello que afecta a nuestra existencia. Explorar como somos a través de la piel y las sensaciones que nos produce su tacto. Describir todo aquello que nos produce y retenerlas en el recuerdo, como Petrarca sintió la belleza del paisaje. El tiempo borra las huellas de los recuerdos y se instala en la transformación de nuestros cuerpos inyectándonos el virus de la decadencia. Lo efímero se pierde como el viento golpea en nuestro rostro. La piel y las formas que provocaron nuestras pasiones ya no existen porque ya no las vemos.

Todo se transforma y la duda siempre está permanente en nuestro interior. Dudar de todo incluso de lo inevitable. Buscar los pequeños resquicios de libertad y de gozo, alejarse de todo aquello que es nocivo y nos distrae. Gozar del tiempo que nos queda y expresar en nuestras imágenes la esencia de lo que somos, alejarnos de todas las fórmulas que otros imitan en una carrera vertiginosa hacia la nada.

Rafael Roa © 2015 De la serie Dead Skin / Sonya7R

Rafael Roa © 2015
De la serie Dead Skin / Sonya7R

Rafael Roa © 2015 Dead Skin, 23 untitled

Rafael Roa © 2015
Dead Skin, 23 untitled

Only Skin by Laura Terré

Rafael Roa has also focused on the skin, with the intention to develop the concept of existence. Dead Skin is the title chosen to turn our gaze on a set of photographs of posed bodies which are an entirety portrait of the flesh that we are. His desire is to stress that constant inertia that leads the living bodies to death and that leaves traces printed on their skin, wrinkles, tattoos and mutilations, marks inflicted as pass rituals. Due to the documentary effect of photography that puts us on the trail of the living, eternally alive, through the work of freezing the moment, even in the case of aged bodies, almost blue, and deprived of the context of their lives, we don’t see corpses, we see friends, parents, lovers, coworkers.

Roa cuts the bodies into fragments, following a tradition that began with artistic photography of the early twentieth century. Those photographers disregarded for the first time the strict description of the proportions of the human body that had been carried out in nude photography to serve as a model for painters and sculptors. The modern photographers freely interpreted the body shapes and they dared to cut off the head and limbs to avoid any spatial reference. The body shapes are incomprehensible and the suppression of the face and eyes avoided all distraction, all communication with the person. Everything was reduced to flesh. We have magnificent icons in the tradition of abstract nude. As the early trials of Imogen Cunningham and Edward Weston. The portraits of Georgia O’Keefe’s feelings through their hands and equivalent the clouds of Alfred Stieglitz. And at the end of twentieth century, when prejudices to look at the naked body and conventions and taboos are lost, we have the beautiful series of self-portraits by John Coplans (his aged skin of the torso and its separate members of the body) . Or the hyperrealistic series of fragments in black and white, also with aged skin and bushy hairs and wrinkles of Robert Davies. And other style, which searches the beauty of young bodies, they are the unforgettable implausible fragments by Robert Mapplethorpe, who created a beauty body trend in the eighties. Or Bill Brandt, who surprised us with his outdoors nudes in mimesis with boulders from the beaches.

Roa’s photographs follow this tradition, but they do not seek abstraction nor are merely aesthetic , much less documentary (saving the detail of tattoos that give us a clue on the culture of the bodies). Its erotic content refers to an action stopped in time, in which we perceive the subject restless, busy in their passions and sometimes not very content with their physical transformation. The nude becomes a portrait “otherwise”. It was a genre exploited by photography since its origins, both privately and professionally. Unlike painting and drawing in which nude sublimated the human in beauty stereotypes, photography always liked the body as it is. So erotic photography intimidates those who contemplate it because of its realism that particularized personal details. The punctum, that Barthes said as inescapable real place. Photography is brash and gritty. When we look at a naked body, it makes us to hold our breath. Many blush to the erotic photos, they look sideways or take it to a corner and “use it” as pornography, because they feel the contact of the skin where they put their gaze. The mere eye contact produces in them the experience and need solitude for contemplation. The proximity is so strong! The viewer guides its photography experience, creating plans according to their interest and deciding to look at everything at once in the distance or only to look at certain details of the foreground.

Faced with the bodies that Rafael Roa portrays we don’t have much freedom. He diverts our attention from the volume and forms and he focuses on the most superficial: the texture and color of the skin. In these photographs, our gaze is caught inside the skin taut as a parchment lampshade . We see the naked from the vacuum of its volumes, in a diving vision, magic, converting the spheres in concavities.He does this by fragmenting the bodies and using an artificial dominant blue light, as if it was a submerged and amniotic vision. The weightless bodies flow like luminescent air bubbles. The purity of the waters that bath it , works as magnifying glass on the fine hair strokes, on the capillary veins, wrinkles and marks of underwear. We even see what we do not want to see. We know, in any case, that defects will be concealable and beyond that carnal contingency, the human being will wear clothing that will return their soul, hide all their embarrassments and reveal their class differences. May even look for a face in the mirrors where to encastrar their eyes that will bring the gaze and thus stop being only skin.

Dead Skin is a Rafael Roa’s art work

link to buy the book: http://www.rafaelroa.net/libros-deadskin.php

Rafael Roa © 2015 De la serie Dead Skin

Rafael Roa © 2015
De la serie Dead Skin

Gilles Deleuze: Los acontecimientos son como los cristales, no devienen y no crecen más que por los bordes, sobre los bordes.

Esa sucesión de instantes van construyendo la historia de nuestra vida, ese tiempo pasado e intangible que recordamos vagamente. Sólo las fotografías nos recuerdan como fuimos, los momentos felices o las miradas llenas de tristeza. El tiempo es el dominador de nuestra existencia y las imágenes son intentos de huellas. Porque una imagen no refleja el antes o el después sólo un tiempo imperceptible del pasado. Es indiferente si lo que deseamos guardar sea algo real, individual o colectivo, o que la imagen producida refleje un pensamiento abstracto de algo que no existe. El resultado final será un lejano intento de imitación de una huella tan fugaz como se evapora el recuerdo de la textura de la piel que acariciamos, o la pasión que vivimos. Crecer sobre los bordes de nuestros abismos personales para identificarnos, para recocernos levemente en nuestro trabajo. Esa síntesis que destila una pequeña parte de nuestro contenido interior, de nuestros conocimientos y vivencias sepultadas por las hojas perdidas del calendario. Reconocernos como reto antes de desaparecer, tener la ilusión de que en esos momentos íntimos de trabajo pudimos aportar un matiz diferente al resultado de nuestras ilusiones y esfuerzos. Reflexionar, pensar, creer en nuestras ideas como forma de representación personal, y alejarse de la marabunta que en tropel destrozan todo a su paso.

Saul Leiter

Saul Leiter©

Rafael Roa © 2015 De la serie Dead Skin / Sonya7R

Rafael Roa © 2015
De la serie Dead Skin / Sonya7R

El concepto de efímero se puede aplicar a la propia vida, al último instante vivido, como ese golpe de viento de súbitamente acaricia nuestro rostro. Eternizar lo efímero siempre ha sido un sueño imposible de realizar, porque cada instante se convierte en pasado con una levedad y fugacidad imposible de detener. Es ir contra natura, de nuestra propia medida de la existencia. Me centraré en la definición del efímero melancólico que revive y reactualiza sin fin el pasado y sus huellas en relación con la fotografía, como herramienta que captura instantes y sus funciones, como testigo de la historia, su evocación de la melancolía del recuerdo, que muchas veces nos atormenta por su perdida. Las huellas se reflejan en nuestros cuerpos por el paso del tiempo, de esas sensaciones perdidas de forma continua y que constituyen nuestro viaje imparable hacía la muerte. Lo efímero de la existencia y lo efímero de la representación visual de nuestra vida o de sus interpretaciones de la misma.

Ocultarse en las sombras es inútil, sus huellas dejaran sus marcas en nosotros aunque tratemos de ocultarnos en la penumbra. La nada avanza irremediablemente y nuestros recuerdos se pueden agrupar en dos segundos de imágenes que reflejan un tiempo pasado, o el registro de una vida. La fotografía guarda nuestros recuerdos en pequeñas cajas o en algún tipo de almacenamiento electrónico que tampoco nos asegurará eternamente su existencia. Todo pasa entre estas reflexiones sobre lo efímero y sus huellas, y esa búsqueda incesante de la felicidad inexistente, del paraíso soñado. Y vuelvo obsesivamente a la búsqueda de esas huellas en ese equilibrio inestable de luces y sombras, de falsas esperanzas y refugio de la derrota inevitable. La imitación, las huellas y los significados de todas las imágenes que producimos nos llevaran a una búsqueda eterna en la materialización de nuestro mundo de sueños. La fotografía como refugio personal de nuestra propia existencia.

Rafael Roa © 2015 De la eerie Dead Skin / Sony a7R

Rafael Roa © 2015
De la eerie Dead Skin / Sony a7R