From the yearly archives: "2016"
Piero Manzoni © 1961 Merda d' artista

Piero Manzoni © 1961 Merda d’ artista

Se supone que el artista debe dominar las herramientas que decide utilizar en la materialización de sus ideas para producir una obra de arte. Se debe conocer la técnica de la herramienta para que el espectador no se lleve una impresión de que aquello que le están mostrando en la galería carece de la calidad mínima, y que no está a la altura del artista que expone dicha obra. Igual que cuando acudimos a la representación de una ópera no damos por bueno que la orquesta vaya desacompasada o que la soprano desafine. En fotografía o en vídeo podemos transgredir con el uso de la herramienta, desenfocar imágenes, manipularlas, y todo aquello que se nos ocurra, pero el todo final tiene que tener esa calidad por la cual el espectador se ve seducido y el coleccionista dispuesto a comprar esa pieza. Habitualmente yo publico en mi blog todo aquello que considero interesante, no tengo ninguna obligación de hacer una crítica positiva de aquello que no me convence, y lo que no considero adecuado no hablo de ello. No tiene ningún sentido para mi hacerlo, mi tiempo es oro, y no consigo nada con ello. Es responsabilidad del artista producir obras de calidad que no parezcan un mal ejercicio de una escuela de fotografía. Al final mi opinión es mía y puede no ser convergente con otras que yo considero respetables, se puede discrepar perfectamente sobre cualquier tema. Considero que una obra de arte debe de tener esa calidad que ayude a potenciar el concepto y seduzca al espectador. Mi blog es libre, está sujeto a mi derecho de publicar lo que quiera y cuando quiera, nadie me paga por lo que hago y eso me hace completamente independiente.

Cesar Pastor Castro © de la serie HURLER, La ecuación del gran Utrilla.  Primer finalista del XX Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueñas

Cesar Pastor Castro © de la serie HURLER, La ecuación del gran Utrilla.
Primer finalista del XX Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña / Médicos del Mundo

César Pastor Castro (Madrid,1981) es un fotógrafo freelance especializado en reportaje documental. Ha sido primer finalista de la XX edición del Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña / Médicos del Mundo con su trabajo HURLER, La ecuación del gran Utrilla. Ha sido el único fotógrafo español entre los premiados. Su trabajo es directo, comprometido con los temas que trata y de una gran calidad. En este trabajo recoge el torbellino de sensaciones y sentimientos que se producen en la vida de Ignacio Utrilla. Las imágenes penetran inmediatamente en el espectador y lo hacen participe de esa historia. No deja indiferente, no hay trampa ni cartón, ni fuegos de artificio ni retoques, es una narración sincera que muestra la realidad cotidiana de esta familia.

Su trayectoria está llena de premios y reconocimientos al que se une este último. Cursó los Estudios Superiores de Fotoperiodismo en PIC.A – Escuela Internacional de Fotografía Alcobendas PhotoEspaña desde 2013 a 2015, y en 2014 realizó el curso de Fotoperiodismo en la UAM- El País. También es fundador del colectivo de fotografía documental Social3200 conjuntamente con Valentín Suárez y Javier Peréz de los Cobos. En la actualidad está haciendo un trabajo en zonas rurales de Rumania.

Su serie HURLER, La ecuación del gran Utrilla nos narra la vida de Ignacio Utrilla y su familia. Nacho, tiene 8 años y vive en Pulgar, un pequeño pueblo cerca de Toledo. Cuando apenas cumplió un año le diagnosticaron el síndrome de Hurler, que desde entonces ha conminado su vida y la de su familia a un continuo peregrinar por diferentes hospitales, en busca de respuestas a una enfermedad de la que apenas nadie sabe nada. La Mucopolisacaridosis Tipo I (MPS1), comúnmente conocida como Síndrome de Hurler, es una enfermedad hereditaria del metabolismo que afecta a 1 de cada 175.000 nacimientos, lo que directamente la sitúa dentro del grupo de las denominadas enfermedades raras. Debido al deterioro neurológico que provoca la enfermedad, la esperanza de vida de los niños afectados no suele superar los 9 años.

Para todos los que formamos PIC.A, es una gran satisfacción ver como fotógrafos que han pasado por la escuela y siguen teniendo vinculación con ella, se abren paso demostrando el talento que tienen y se les reconoce. Valentín Suárez obtuvo la Beca de Albarracín en la categoría de fotógrafos amateur, estando Cesar Pastor y Bea Rivas en las rondas finales. Ire Lenes también ha sido premiada en el certamen Jóvenes Creadores 2016. Todos estos premios son una gran alegría para todos. Estoy convencido que Cesar, Valentín, Bea e Ire van a dar que hablar mucho en un futuro inmediato.

Cesar Pastor Castro © de la serie HURLER, La ecuación del gran Utrilla. Primer finalista del XX Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña / Médicos del Mundo

Cesar Pastor Castro © de la serie HURLER, La ecuación del gran Utrilla.
Primer finalista del XX Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña / Médicos del Mundo

Cesar Pastor Castro © de la serie HURLER, La ecuación del gran Utrilla. Primer finalista del XX Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña / Médicos del Mundo

Cesar Pastor Castro © de la serie HURLER, La ecuación del gran Utrilla.
Primer finalista del XX Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña / Médicos del Mundo

Cesar Pastor Castro © de la serie HURLER, La ecuación del gran Utrilla. Primer finalista del XX Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña / Médicos del Mundo

Cesar Pastor Castro © de la serie HURLER, La ecuación del gran Utrilla.
Primer finalista del XX Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña / Médicos del Mundo

Metrópolis de Fritz Lang (1928)

Metrópolis de Fritz Lang (1928)

La producción de una imagen es producto de una captura irreflexiva o de una mirada subjetiva y reflexiva. Esta segunda consideración nos remite a la intención artística de la fotografía. La primera se reduce sólo al uso del disparador de la cámara como elemento masturbador de la misma, como apuntaba Cartier-Bresson. Y en los tiempos actuales se fabrican una gran cantidad de capturas de imágenes irreflexivas que son olvidadas casi al mismo momento de haber sido producidas. Las capturas digitales son compartidas y exhibidas sin pudor en las redes sociales, y las estas son las referencias de los diarios visuales de quienes las comparten, en definitiva el la máxima expresión del exhibicionismo. Este olvido inmediato de las imágenes que sucede prácticamente instantes después de ser vistas nos lleva a la aceptación de la falta de significado de las mismas. Esto ocurre con la información de las tragedias colectivas, no sirven de ningún tipo de concienciación social.

Las vanguardias reflejaron la rebeldía y las ansias de cambio, una nueva estética artística y visual no exenta de una crítica política. Unas nuevas formas de crear y comunicar con las imágenes, una nueva forma de ver que se alejaba de la perspectiva clásica. En la actualidad el poder económico dirige y planifica el desarrollo del negocio del arte. Seleccionan lo que van a potenciar como referentes estéticos y marginan todo aquello que puede representar una crítica al sistema o que incentivasen reflexiones que despertasen la mansedumbre de los receptores y consumidores del arte. Los nuevos pensadores del apropiacionismo nos anuncian con frases apocalípticas la llegada de los nuevos tiempos, que vendrán acompañados del uso de la robótica y de la inteligencia artificial. La mayoría del arte que consumimos son piezas inofensivas y decorativas. El interés individual de los “artistas” se centra en sentarse lo más próximo a quienes detentan el poder de la exhibición y les puedan hacer un hueco bajo los focos. Si para esto tienen que convertirse en imitadores de las tendencias de moda lo consideran como un peaje que es necesario pagar. Hemos visto durante la primera década de este siglo como las ferias de arte se inundaban de fotografías imitando a los exitosos miembros de la Escuela de Dusseldorf.

El discurso apropiacionista va en paralelo a los usos que el poder económico emplea, y resulta curioso ver la manga ancha que le dan sus defensores al uso de las imágenes de otros en contraposición a lo denostado e ilegal del plagio literario. Cuando las palabras, las ideas y las imágenes pertenecen a aquellos que las producen. Todos tenemos en la mente el caso del famoso artista norteamericano que lleva toda la vida robando imágenes de otros y con una pequeña modificación las registra como propias. Lo último ha sido la reproducción de imágenes de una red social que ha ampliado y vendido como propias a precios escandalosos. Esto es similar al discurso del ideólogos del net-art que consideran que las imágenes que capturan de la red les pertenecen. Estas actitudes son puramente ideológicas y definen a la época que estamos viviendo, reflejando la perdida de la ética del trabajo, que ha sido sustituido por la habilidad para la especulación y el beneficio rápido.

La apropiación de las imágenes pertenece a la modernidad ideológica actual, igual que la apropiación de caudales públicos pertenece a la corrupción política. El arte está dirigido por el mercado que selecciona y difunde aquello acorde a las necesidades de transmisión de un pensamiento dirigido. Este fenómeno global es una representación de la nueva ideología social que el poder esta fabricando sin ningún tipo de oposición.

Rafael Roa © 1990 Experimentación personal con creación de PDH. Polaroid 55, 10x12cm. Copia 50x60cm

Rafael Roa © 1990
Experimentación personal con creación de PDH. Polaroid 55 10x12cm. Copia 50x60cm

Según Sebastiao Salgado la fotografía desaparecerá en unos 20 o 30 años. La fotografía ya ha cambiado debido a la llegada de la era digital. Quizás para mi no sea ese el debate más importante. La fotografía se ha ido modificando siempre desde su nacimiento a la par que surgían nuevos procesos. Cada cambio tecnológico en el siglo XIX iba acompañado de cambios estéticos y narrativos de la herramienta. Ha habido características que se han mantenido desde entonces, y quizás la más importante sea la de la puesta en escena que se mantiene en la actualidad. La mayor parte de la fotografía producida desde su nacimiento ha tenido una puesta en escena en mayor o menor grado. También nos hemos liberado de esa creencia de que la fotografía reflejaba la realidad y aceptamos que sólo sea una huella o imitación de aquello que “sucedió” en un determinado instante. Lo que ha cambiado desde la aparición de la era digital es el uso de la misma. Ahora nos comunicamos con imágenes que capturamos y compartimos desde cualquier dispositivo, en su mayor parte teléfonos móviles. Existe un afán irracional y obsesivo por capturarlo todo y compartirlo en las redes sociales. Hoy mientras visitaba la exposición de Robert Doisneau vi a varias personas fotografiar compulsivamente las fotografías de la exposición, en vez de analizar las imágenes y disfrutar de ellas. Muchas personas no viven la vida, sólo se limitan a capturar imágenes de todo lo que hacen, y compartirlo de forma inmediata en las redes sociales. Existe una necesidad obsesiva de mostrar cualquier acontecimiento cotidiano, exhibirse para ser observado por esa multitud de espectadores ávidos de recibir la aprobación de la comunidad virtual. Mostrar nuestra vida en imágenes es una obsesión para una mayoría de usuarios de teléfonos móviles y redes sociales.

Hace años escribí sobre este tema, y apuntaba que el mundo se dividiría en una gran mayoría de captadores de imágenes y una minoría de fotógrafos o artistas. Estos últimos usarían la herramienta desde la reflexión y la creación, a tráves de ideas o conceptos, que serian materializadas posteriormente en cualquier soporte fotográfico. Podemos volver a ese debate de la estética de la fotografía de la fotografía arte o sin-arte. Sería más acertado diferenciar entre la fotografía como forma de representación de las ideas y las capturas automatizadas que se producen cada día. Sin embargo muy pocas personas se cuestionan por el significado de las imágenes que consumimos, ya sea en el ámbito de la información o del arte.

¿Acaso las imágenes de las tragedias o las injusticias tienen algún efecto en la población que no dure más de 24 horas?

Todo se asimila y olvida. Nada produce la más mínima reflexión o autocrítica. La memoria de pez funciona a la perfección. Se ha escrito mucho sobre esto y de formas muy acertadas por filósofos que ya he citado en otras ocasiones. Quizás nos encontremos en una sociedad cada vez más alienante y fácil de manipular que sólo se mueve por la conservación del hábitat de confort de forma individual. Por lo tanto todas las manifestaciones colectivas reflejan y tienden a aceptar cualquier cosa. El pensamiento crítico es cada vez más reducido y esto afecta a las formas artísticas de producción que están controladas por el mercado del arte. La fotografía existirá siempre que fotógrafos o artistas estén dispuestos a producir imágenes que materialicen ideas, sentimientos o sensaciones personales. La producción de los captadores de imágenes ya es un equivalente de la comida rápida. Nadie se acuerda del sabor de este tipo de comida, y de la misma forma nadie recuerda las últimas diez imágenes que ha visto en una red social dos minutos antes. La reflexión y el trabajo dirigido a la consecución de los conceptos a materializar en imágenes será la base de la fotografía que nos volverá a producir ese Punctum del que hablaba Roland Barthes. La fotografía-arte se imprimirá recuperando ese objeto plano que muestra una imagen, y volveremos a disfrutar de los nuevos matices de impresión y de procesos clásicos que usaran aquellos artistas interesados en una mejor representación de sus obras.

Autor desconocido, 1870

Autor desconocido, 1870

Las formas del cuerpo desnudo han sido representadas culturalmente como una exaltación de lo bello. La sublimación del arte se reivindica por el desnudo. Desde el mundo clásico el desnudo ha sido representado siempre como la expresión de la belleza, del Eros y del deseo. Las formas y las pasiones se mostraban a través del cuerpo, convirtiéndose así en el vehículo de expresión de nuestros sueños más ocultos. La belleza del desnudo radica en su poder de evidencia, porque si lo bello tiene esa capacidad de revelación que le atribuye Platón,  el desnudo es lo que lleva esa capacidad a su summun y la realiza.

Para Descartes el desnudo significa la esencia del ser, expone más el ser y en ello radica su belleza. El poder del tacto de la piel ha sido el motor del deseo, que se ha convertido en ese potro salvaje que tenemos que cabalgar todos para sentirnos plenamente vivos. No hay más allá del desnudo, aquí empiezas y aquí acabas. El desnudo hace frente al deseo. Por eso en él nada queda más por descifrar, el desnudo no es ya signo de nada, lo insuperable está simplemente ahí mostrado. El desnudo no puede cambiar, es él mismo una vez la esencia.

El desnudo fotográfico capta en-si, en el instante y de una manera inmediata y lo más concreto: en lo sensible mismo, en la piel misma, en el desnudo mismo. Esa curva esa textura, esa sombra aquí y ahora captadas en el fulgor de un instante pero fijados para siempre, vuelven ese particular, no sólo insuperable, sino súbitamente invariable, y por ende absoluto. También el desnudo fotográfico muestra la condición de lo efímero, la sensación de la captura que lo produce en su mortalidad. El cuerpo se convierte en objeto de representación de las ideas. También  es un vehículo de transgresión mediante el uso de la metáfora visual. En el desnudo encontramos lo sensible y lo abstracto, lo físico y la idea, lo erótico y lo espiritual y por último la naturaleza y el arte. El desnudo es generoso, aquellos que se muestran así ya no tienen nada que ocultar y  entregan su esencia. La contemplación y la culminación del deseo llenaran nuestro interior de sensaciones insuperables, provocando la intención de capturar todos esos instantes. No se puede eternizar lo efímero, y las imágenes de esos recuerdos vividos estarán siempre en nuestra memoria manteniendo vivos hasta los últimos detalles.

La transgresión en el arte es necesaria para intentar remover esos pensamientos anclados en la superstición y los prejuicios. El desnudo puede ser utilizado en este sentido. Siempre ha vivido semioculto, mostrado de soslayo, o claramente censurado pese a estar representado en la tradición del arte europeo. Los bárbaros que quemaban libros también quemaban seres humanos en nombre de la superstición y como forma de controlar al pueblo y someterlo a base sangre y fuego. A veces nos asombramos de como pintores celebres que utilizaban el desnudo en sus obras sobrevivieron a la marginación y la hoguera. Hoy en día la censura permanece en el mundo del arte. Se ocultan trabajos de artistas o se provocan con actos vandálicos y la suspensión de exposiciones. El último caso ha sido el brutal ataque sufrido por el trabajo de Jock Sturges en Moscú, por un público lleno de miradas sucias y algún político del régimen. Han llegado a echar orín sobre sus imágenes. El oscurantismo irracional de aquellos que se creen poseedores de la verdad absoluta.

La piel es el reflejo del paso del tiempo en nuestro cuerpo. Nuestra decadencia se produce poco a poco sin detenerse, y va dejando sus huellas. Nos transformamos y no nos reconocemos en las fotografías de nuestra juventud. Nuestra mirada pierde su brillo y nuestro cuerpo nuestro esplendor de juventud. Pero también hay belleza en los cuerpos erosionados por el tiempo. Las formas se transforman en paisajes llenos de desniveles continuos. Usamos el cuerpo como forma de mostrar ese paso del tiempo, el cuerpo se convierte en una representación de una idea. El tiempo es una característica de la vida, y por ende del arte. La fotografía es siempre el pasado inmediato y es una herramienta con la cual podemos representar lo efímero de nuestra existencia.

Irving Penn, 1996

Irving Penn, 1996

Rafael Roa © 2015 De la serie Dead Skin / Sonya7R

Rafael Roa © 2015
De la serie Dead Skin / Sonya7R