Rafael Roa © 2013 Sony RX1, ISO 800 F/2,8

Rafael Roa © 2013
Sony RX1, ISO 800 F/2,8

Nos encontramos en un mundo en el cual la producción de imágenes capturadas con cualquier teléfono móvil, ha creado una adicción irracional en la mayoría de las gentes, que se sienten atrapadas por esta nueva droga, y les permite mostrarlas en las redes sociales como si de trofeos de caza se tratasen.
Dar relevancia a una vida en ese inmenso patio de vecinos, donde las imágenes se muestran para que todos aquellos seguidores nos den su aprobación y de esta forma obtener alguna relevancia social que se materializa en el número de seguidores que cada individuo consigue tener. Captar la atención de los otros y creer que seremos individuos importantes y famosos que obtienen alguna relevancia social. Uno de los usos más comunes es el llamado “selfi” hacerse una captura individual o colectiva en alguna celebración o delante de los monumentos o parajes que visitamos en nuestras vacaciones. Estás imágenes son compartidas de inmediato en las redes sociales para ese incrementar ese “postureo” absurdo que forma parte de esa necesidad de celebridad efímera que la mayoría tiene necesidad de sentir en sus carnes.
En palabras de Susan Sontag “La necesidad de tener una realidad confirmada y la experiencia mejorada con la fotografía es un consumismo estético al que todo el mundo ahora es adicto”. Este interesante artículo de Susan Sontag ha sido traducido por la página numerof.org de los fotoperiodistas Ernesto Peimberth y Alonso Castillo.
El texto de Jean Baudrillard “Violencia de la imagen, violencia contra la imagen” cobra en estos momentos más importancia y es un referente para analizar la producción indiscriminada e irracional de las capturas digitales y la perdida de significado de las mismas. No hablamos con nadie que no conozcamos y si alguien nos da una amable conversación está en nuestro punto de mira como un posible sospechoso de enfermedad mental. Todo el mundo se mueve en los transportes públicos mirando y comunicándose con sus artilugios sin observar lo que sucede a nuestro alrededor. La tecnología ha cambiado los hábitos de la población y tener un terminal de última generación para muchos supone haber adquirido un estatus por encima de los otros. Capturamos todo tipo de imágenes y lo hacemos sin ninguna reflexión sobre como debiera ser un acto fotográfico. Esto nos sirve para todo tipo de capturas digitales. La tecnología digital ha producido grandes genios y una inmensa cantidad de mierda como apostilla Joel Meyerowitz en el documental “Everybody street”. La popularidad adquirida por el uso de los llamados “selfis” produce valoraciones y opiniones que lo alejan de su estatus real. La ignorancia y la falta de perspectiva produce que a este tipo de divertimentos masivos se les quiera posicionar en lugares muy alejados de su realidad.
Ante la invasión de las capturas digitales en todo tipo de ámbitos que antes eran ocupados por los fotógrafos que documentaban su visión de la realidad desde un punto de vista reflexivo y narrativo, cada vez quedan menos espacios para poder posicionarse y realizar imágenes que se diferencien de esas estéticas masivas que usan la mayoría. El pensamiento individual y la materialización de las ideas propias en imágenes es el último refugio que nos queda para poder usar la fotografía como herramienta del pensamiento crítico frente a la sociedad de sumisión e ignorancia que el poder nos quiere imponer.

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3 Responses to Uso Y Abuso De Las Imágenes

  1. Rosa M. Font dice:

    No podría estar más de acuerdo. La falta de reflexión es algo muy grave que se ve muy potenciada en nuestros días. después todos decidimos que son los demás los no reflexivos y nosotros, haciendo exactamente lo mismo que los demás, somos distintos según nuestro entender. Buen caldo de cultivo para que seamos fácilmente manipulables. Y de la manera más cínica: Creemos que hacemos algo que queremos nosotros cuando en realidad solo seguimos a quien nos da órdenes. Yo no lo veo tan inocente como el simple hecho de llenar de basura fotográfica sin sentido ni originalidad toda la red. no contamos nada de nada, simplemente informamos de que ya estamos listos para estar en el el rebaño y ser manupilados por quien quiera . Solo exigimos una cosa: Muchos seguidores que nos digan lo magníficos que somos. y eso, hasta un software robot puede hacerlo. O ¿es que hay alguien que REALMENTE crea que a otro alguien sus pies en la arena o su careto delante de la Eiffel, o su taza de café, o… pueda interesar?.

  2. olmo gonzález dice:

    Me parece un discurso reaccionario. Que la gente se haga selfies es una constatación del simulacro, no una causa más. Llevamos instalados en el Ocularcentrismo como acuña Remedios Zafra, pero se abre la estructura de poder vertical a la posible ruptura horizontal cada vez que la masa genera nuevo imaginario, no ver este potencial es perder la única oportunidad de cambio. Ya lo decía el propio Baudrillard, hay que llenar el Pompidou para que colapse y se derrumbe. Y no es el único que lo cree, Hito Steyerl o Julián Barón reclaman más carnaza como acelerante al incendio descontrolado del simulacro, tanto que ni el sistema lo pueda digerir. No nos mires, únete!

    • rafaelroa dice:

      No veo donde afirmo que el hacer selfis sea la causa de esta situación. Sobre lo de adjetivar mi opinión de reaccionaria tampoco me das argumentos para convencerme. ¿Oportunidad de cambio hacia dónde?
      Hacia la falta de reflexión en la producción de imágenes que inunda los ordenadores de gigas de basura. Porque eso sucede y no sólo en los usuarios de los móviles sino también en muchos aficionados que están seducidos por los avances tecnológicos más que por la forma de producir sus propias imágenes. La masificación de las imágenes que nos golpean cada día produce que estás pierdan su significado y no tengan ningún efecto sobre nadie. La moda de perpetuar cualquier evento cotidiano y compartirlo en la redes sociales es un acto más de esa masificación y sólo sirve para la que quien lo hace se sienta satisfecho. Nada más se produce con eso, esa moda no conduce a nada. El mercado fabricará un nuevo artilugio y será “cool” hacer otra cosa.

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