From the monthly archives: "diciembre 2014"
Rafael Roa © 2014 Venus 1 / Sony a7R

Rafael Roa © 2014
Venus 1 /
Sony a7R

A veces les pregunto a mis alumnos  por qué fotografían, cual es su necesidad de coger una cámara y capturar una imagen, que les impulsa a ello. ¿Placer, divertimento, nuevas experiencias, conocimiento de nuevas tecnologías? 
Suelo quedarme sin sus respuestas la mayoría de las veces, me encantaría que después de un proceso de reflexión individual primero se contestasen a sí mismos y después me contasen sus conclusiones.
Hay una masificación de crecimiento exponencial en la captura de imágenes, como les digo en clase acumulamos gigas de mierda con la misma facilidad que producimos residuos cada día. La producción de capturas digitales es comparable a cualquier acto irreflexivo que los humanos hacemos cada día como tirar de la cadena del retrete. Todo esto se aleja de la esencia del acto fotográfico y de la propia vida.

Releer las reflexiones de Artaud sobre la creación artística y la relación con nosotros nos ayudará a posicionarnos en relación con el hecho de fotografiar. Cuestionarse para qué hacemos las cosas es igual al momento en el cual  aprendemos a caminar en la niñez. Saber hacia donde nos lleva el uso de una u otra herramienta y sobre todo por qué queremos usarla y para qué, es fundamental para poder empezar a caminar de una forma coherente. Cualquier otro uso está atado a las modas y al placer instantáneo que produce en los usuarios esas capturas como forma de compartir sus instantes con los demás.
Supongo que el auge de las redes sociales en las que se comparten imágenes debe de ser comparable con la moda de las tarjetas de visita en siglo XIX. Ver su imagen y ofrecerla a los otros debió causar furor en aquella sociedad que disfrutó del invento de la fotografía. Nadar se convirtió en el fotógrafo de moda de toda la sociedad parisina, todos querían ser inmortalizados por él. Alejarse de esa producción consumista de imágenes realizadas con cualquier dispositivo digital supone un primer paso para establecer una relación más intima con la herramienta y con el acto de fotografiar.
Como afirmaba Artaud “la vida es un consumirse en preguntas”, si no lo haces te conviertes en un semoviente del propietario del sistema y te dedicas a “balar” cuando te ordenan. Para otros cualquier expresión del ser que se materializa bajo cualquier soporte va unida a la reflexión y al pensamiento individual del sujeto que la realiza. Si decides abordar este desafío personal ya has abandonado el redil de aquellos que consumen su tiempo sin preguntarse nada ni cuestionar todo aquello que el sistema ha establecido. La reflexión íntima es necesaria para afianzar la propia personalidad y poder materializar esas ideas en algo tangible que puedan ver todos. El acto fotográfico está en las antípodas de cualquier captura irreflexiva de una imagen.

Rafael Roa © 2014 De la serie Dead Skin

Rafael Roa © 2014
De la serie Dead Skin

Rafael Roa © 1989 Venezia

Rafael Roa © 1989
Venezia

Nunca conocí a Ángel González García personalmente, sólo he leído algunas de sus obras. Maria Vela Zanetti que sentirá su perdida directamente me hablaba de él cuando yo era un proyecto de fotógrafo a mediados de los años ochenta. La vida da vueltas y mi hijo Alberto fue alumno suyo en la Facultad de Historia del Arte. Para él, Ángel González y Calvo Serraller eran sus profesores admirados. Fui fotógrafo de moda gracias a Maria Vela Zanetti que siempre confió en mi trabajo y me abrió puertas en aquellos años. Su libro de poemas “José” con su dedicatoria me ha acompañado desde entonces. Busqué las sombras venecianas de Ezra Pound gracias a aquellas conversaciones intensas sobre fotografía, moda, arte y literatura en aquellos años de explosión creativa y alegría democrática.

En uno de mis primeros posts en este blog publiqué una estrofa de un poema de María Vela Zanetti que me acompaño en aquel fin de año de 1989 por aquella Venecia invadida por la niebla y el silencio. Mis recuerdos de aquellos años provocan esa sensación de vértigo que irremediablemente el paso del tiempo nos hace sentir. La muerte de aquellos que son de nuestra propia generación nos sitúa con una sensibilidad especial ante estos hechos. La perdida de todos aquellos que son valiosos para una sociedad sólo la sienten los que directamente notan su ausencia en lo cotidiano. Su familia, amigos cercanos y alumnos sentirán ese vacío. Las fotografías son pasado y las palabras se pierden con el viento, pero las obras valiosas de los hombres con talento siempre permanecerán.

 IFIGENIA EN AULIDE (extracto)

Invierno

La nieve ha empapado mi pellejo de fieltro

y parece un capote militar.

pero yo no vengo a estos bosques

a tentar la suerte.

Mi cabeza es una bomba sellada

y los bordes de mi abrigo

limpian el camino de basura.

Maria Vela Zanetti © 1987

Rafael Roa © 1990 Experimentación personal con creación de PDH

Rafael Roa © 1990
Experimentación personal con creación de PDH

Rafael Roa © 2013 The Line

Rafael Roa © 2013
The Line

A veces las palabras precisas se nos escapan para expresar con exactitud las reflexiones sobre un tema tan complejo como la conservación de las memorias y los recuerdos en sus diferentes soportes, escritura e imágenes. No hablo de memorias colectivas ni de la historia de los pueblos, sino de las memorias individuales que vamos atesorando con el paso del tiempo. Como gestionar esos recuerdos materiales que se acumulan en fotografías, vídeos o textos que producimos nosotros mismos o que los demás nos envían. El pasado vuelve cuando menos te lo esperas, las palabras escritas o las imágenes nos golpean con fuerza y nos despiertan aquellas emociones que creímos tener apagadas. “Troya no será la de antes si tu no estás”, la “Ilíada” resurge en mi memoria igual que los gritos silenciosos de los muertos en las cunetas pidiendo justicia. La memoria nos persigue y a mi me quedan mis pequeños refugios que me aíslen de esas manifestaciones de la marabunta. Gestionar la memoria individual es algo complejo que limita con las emociones incontrolables. Nuestro pasado se materializa en imágenes y textos llenos de sensaciones latentes.

La memoria de la luz de nuestras vivencias personales se incrusta a fuego dentro de nosotros. Podemos recrear esos instantes vividos y recordar la luz que nos acompañó en el pasado. Cuando era fotógrafo de moda me di cuenta del uso de la memoria histórica de la luz en las producciones editoriales. Volver al pasado a través de la imitación de la iluminación que marca la estética de las fotografías. Recrear con jóvenes modelos el glamour de Greta Garbo usando las iluminaciones de Horst. El tiempo, la luz, los sonidos y la memoria forman el equipaje de nuestros recuerdos que tenemos que gestionar y en contraposición tenemos a los enfermos que sufren el drama de la perdida total de la memoria y la identidad personal. Destruir esos recuerdos o asimilarlos como parte del viaje a ese paraíso inexistente que anhelamos sin cesar.

El constructivismo de Alexander Ródchenko nos aporta un punto de vista nuevo sobre el cual podemos apoyarnos para la búsqueda de esas nuevas imágenes con las que expresar nuestras ideas o sentimientos. Lo revolucionario a veces nos muestra medios para la resolución de los problemas individuales o colectivos. Revelarse contra la sumisión a las nuevas tecnologías que nos hacen adictos a las máquinas y volver a las sensaciones de las materias. El sonido mecánico frente a la inmediatez y las pieles reales frente a las colecciones de replicantes que nos observan en silencio desde la pantalla del ordenador.

Miyako Ishiuchi © Hirosima # 9

Miyako Ishiuchi © Hirosima # 9

Yasumasa Morimura ©

Yasumasa Morimura ©

Violeta Bubelyté © 1993 Desnudo 58

Violeta Bubelyté © 1993
Desnudo 58

Alfonso, 1936 Campesinos asesinados en la sublevación de Yeste

Alfonso, 1936
Campesinos asesinados en la sublevación de Yeste

Joakim Eskildsen © The Roma Journeys

Joakim Eskildsen © The Roma Journeys