From the monthly archives: "septiembre 2014"
Stephen Shore © 1972 Amarillo, Texas

Stephen Shore © 1972
Amarillo, Texas

Stephen Shore (1947, NY) es uno de los máximos representantes de la corriente de New Color. Su trabajo ha estado influenciado por la obra de Walker Evans y como en el caso Joel Meyerowitz la sombra de Robert Frank planea sobre sus primeros trabajos de fotografía documental en blanco y negro. Edward Steichen le adquirió 3 fotografías para la colección del MOMA cuando él tenía sólo catorce años. Con 17 años conoció a Andy Warhol, y estuvo vinculado a The Factory durante algún tiempo. Este periodo le ayudó a su formación autodidacta.
Shore asimiló la visión de Walker Evans sobre el paisaje americano, lo adaptó a su visión colorista, construyendo una narración de los espacios que fotografiaba buscando aquellos detalles que para otros podían ser anecdóticos, Shore los convertía en el objeto central de sus fotografías.
Stephen Shore es uno de los máximos representantes del New Color y su influencia sobre otros miembros de esa tendencia y sobre la Escuela de Dusseldorf es indiscutible. Su trabajo con cámaras de gran formato y su punto de vista sobre imágenes que estábamos acostumbrados a ver como instantáneas ha aportado una nueva forma de mostrar aquello que por su cotidianidad pasa desapercibido para la mayoría.

En la Fundación Mapfre podremos ver una completa exposición de la trayectoria de Shore y contemplar la evolución de su obra durante todos estos años. El 17 de septiembre a las 18,30h podremos asistir a un dialogo entre el autor y la comisaria de la exposición Marta Dahó sobre “La naturaleza de la fotografía”, titulo del ensayo publicado por Shore sobre su experiencia como fotógrafo y profesor durante 24 años en el Bard College de Nueva York. Del 19 de Septiembre al 23 de Noviembre tendremos esta importante de exposición en Madrid.

Stephen Shore © 1963 NY

Stephen Shore © 1963
NY

Stephen Shore ©1972  Oklahoma city

Stephen Shore ©1972
Oklahoma city

Stephen Shore © 1973 Florida

Stephen Shore © 1973
Florida

Stephen Shore © 1977 Ginger Shore, Tampa, Florida

Stephen Shore © 1977
Ginger Shore, Tampa, Florida

Rafael Roa © 2014  Madrid,8,05 de la mañana. Atocha. Invisibles#Invisibles

Rafael Roa © 2014
Madrid,8,05 de la mañana. Atocha. Invisibles#Invisibles

Hoy he salido a la calle a las 7,15 de la mañana, no había terminado de amanecer. A unos 15 metros de mi casa he visto a un hombre sentando en un banco y cubierto con una especie de manta. Con barba, la ropa sucia y rota y extrema delgadez me ha sido imposible descifrar su edad, pero podría estar entre los 40 y 45 años. Dos horas más tarde estas personas dejan de ser visibles para la mayoría. Hace un año estaba acabando mi trabajo de Invisibles#Invisibles una serie que muestra la cantidad de personas que viven en la calle y que se encuentran en el centro de Madrid. No hace falta que nos vayamos a la periferia para verlos. He visto hasta hombres que superaban los 70 años meter sus escasas pertenencias en una maleta e irse a deambular por la ciudad una vez que ya se han levantado. Duermen en cualquier lugar que les sirva de cobijo. Son las víctimas de esta crisis que el sistema financiero ha creado y estamos sufriendo los ciudadanos. Llego al intercambiador de Atocha, todo sigue igual que hace un año. Seis personas todavía duermen, algunos se han ido y otros recogen lo poco que tienen. Fotografío este carro de le sirve a esta persona para llevar lo que le queda, me fijo en el peluche que todavía conserva. Es de un hombre que acababa de recoger sus mantas y sábanas que le sirven de cama improvisada sobre un banco o unos cartones. No ha cambiado nada, la miseria sigue en aumento y el hedor de los miserables que nos han expoliado ya se hace insoportable.

Rafael Roa © 2013 Invisibles#Invisibles

Rafael Roa © 2013
Invisibles#Invisibles

Rafael Roa © 2014 Body and Knife / Sony a7R

Rafael Roa © 2014
Body and Knife / Sony a7R

La vegetación tropical de aquel jardín ocultó la tumba de aquel hombre. La casa corrió la misma suerte. El abandono produjo que todo se transformarse en una especie de cueva donde los pájaros anidaban y los animales de la zona la habían hecho suya. Nadie del pueblo había vuelto por allí después de enterrar al viejo y saquear la casa. No tenía familia y nadie le iba a echar de menos, era normal dar uso a sus pertenencias. Lo único que quedó en aquellas paredes fueron las fotografías que formaron parte de sus recuerdos, nadie las quiso rescatar del olvido y se estaban deteriorando con la humedad y el calor.

Se fueron borrando poco a poco hasta convertirse en un abstracción irreconocible, todas las miradas de aquellos personajes se habían perdido. Las fotografías ya no podían ser una prueba irrefutable de aquellos momentos de felicidad. En alguna todavía se podía ver el cuerpo desnudo de una mujer que estaba tumbada sobre una cama iluminada con la clandestinidad de la luz sobrante que entraba por aquella persiana. En otra, una pareja abrazados miran hacia la cámara, sentados en una tumbona del porche de madera. Recuerdos de un pasado efímero e inexistente, las últimas pruebas de aquellas vidas avanzaban hacía su total desaparición. Nadie quiere guardar los recuerdos de otros ni coleccionar las miradas ajenas e inexistentes. Sólo un fotógrafo es capaz de guardar las fotografías de los otros. Son historias personales ya desaparecidas y moldeadas por una estética que ya está fuera de uso. Restos de aquella fotografía química que las nuevas generaciones nunca conocieron.

La fotografía de aquellos años producía en los que la experimentaban diferentes sensaciones. Todo tenía su tiempo y un ritual que debía cumplirse. El encuadre, medir la luz y hacer la toma. La espera impaciente hasta revelar el negativo sobre el cual empezábamos a previsualizar como podría ser la copia final. El olor a los químicos y las noches de positivado en habitaciones pequeñas y calurosas. La emoción de ver como la imagen surgía en la cubeta del revelador y el ritual metódico del proceso hasta el secado y planchado de las mismas. Las texturas de aquellos papeles que al contemplarlos podíamos sumergirnos en la profundidad de sus negros infinitos. Eran sensaciones irrepetibles como cuando se ama por primera vez. Hay que seguir produciendo imágenes con las tecnologías que ahora tenemos a nuestro alcance. Los que conocimos la fotografía química tenemos recuerdos y sensaciones que otros no tendrán jamás. Repetir esos rituales y trabajar con aquellos materiales es algo que siempre nos llena de sensaciones profundas y únicas. La casa de aquel hombre se acerca rápidamente hasta su destrucción total, muy pronto ya ni será recordada.