Christopher Anderson © Capitolio

Christopher Anderson © Capitolio

Afortunadamente llevo un mes con la cámara en la mano a diario en una búsqueda constante de esas miradas que no vemos cuando a diario atravesamos la ciudad de una forma vertiginosa sin reparar en quien tenemos al lado o con quienes nos cruzamos. A veces me han surgido pensamientos que me hubiese gustado expresar pero que han dado paso a la siguiente fotografía, al lenguaje de las luces y las sombras, alejándome de la palabra escrita. Se produce el caos en la memoria porque hay algo más inmediato que me produce más satisfacción y es el acto fotográfico. Seleccionar a aquellas personas con las cuales quiero componer esa pequeña muestra de miradas, sonrisas o gestos de aquellos que vivimos en Madrid. Ves como la ciudad se transforma con el paso de las horas, desde el amanecer hasta el ocaso y como los lugares cambian con los diferentes tipos de gentes que los frecuentan. El Metro es ese tubo que transporta a miles de personas a diario concentrados en las pantallas de sus smartphones. Nadie se mira, sólo se observa aquello que causa la diferencia y que con su presencia rompe la monotonía visual de cada vagón.

El verano pasa fugazmente, el calor se vuelve asfixiante y asistimos en directo a un genocidio lejano que vemos por televisión. Una de tantas atrocidades que el ser humano es capaz de consentir en el planeta. Los problemas locales siguen en el mismo lugar, los desahucios y el número de personas que deambulan por las calles aumentan. Una pareja con la mujer embarazada a punto de dar a luz arrastraban sus pertenencias al lado del MNACRS. Nadie les ve, siguen siendo esos “Invisibles” que he estado fotografiando desde hace dos años. Las miserias cotidianas individuales sólo nos permiten concentrarnos en nuestra propia supervivencia. Los que han perdido todo son parte del paisaje de la ciudad. El verano, estos cálidos y largos veranos ya nos son esos tiempos de disfrute y sueños para la mayoría. Viajar y perderse en otras culturas se ha convertido en un lujo minoritario. Orwell cada vez acierta con aquella visión apocalíptica del futuro.  No queda ya casi nada donde refugiarse del horror cotidiano.

Rafael Roa © 2013 Invisibles#Invisibles

Rafael Roa © 2013
Invisibles#Invisibles

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3 Responses to En Verano Ya No Hay Paraíso

  1. Nano dice:

    Quizás se te ha pasado por alto mencionarlo: Y los políticos robando a manos llenas, los de uno lado y los del otro, por arriba y por abajo (yo quiero ser catalán, a ver si me toca un padre que me deje una herencia en suiza o por ahí, que parece ser algo muy normal en Catania, y si no valenciano para que me toque el gordo 70 veces, joder que suerte “el gachó”, pero sobre todo quiero una mujer como la del Urdanga, eso si que es una bola, como decía el Mota: “no hace falta que lo mejores, con que me lo iguales” …. y los israelitas matando palestinos sin que nadie les diga ni pío. A los rusos ni toserlos pues no nos corten el gas que llega el invierno rápidamente. En fin… “un sindios”

    Hala majos.

  2. José Luis dice:

    No tendría ningún sentido que un historiador tras su fallecimiento ordenase destruir todo su trabajo ya que entonces ¿Qué sentido tendría ir buscando a los invisibles? El placer del acto fotográfico está claro, pero si no compartes lo que capta tu mirada estés o ya no estés presente, perdería bastante sentido.
    “No entiendo por qué haces fotos a eso” Me dijo un niño hace dos días mientras fotografiaba un cardo… no supe responderle de forma acorde a su edad, pero me dejó pensativo.

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