Rafael Roa © 2012

Me llama un amigo que vive en mi misma casa, es viernes noche y se avecina un fin de semana más frío. Mi amigo me cuenta que un hombre de mediana edad se ha tirado por la ventana de su vivienda y ha caído sobre en el paso de cebra a 15 metros de nuestra casa.
Ha llegado el Samur, y ha montado una tienda móvil donde han ocultado el cadáver a la espera de que llegue el juez. La calle cortada y las luces de la policía y las ambulancias tiñen la calle de color. Eso fue el viernes por la noche. Ninguna noticia en la prensa durante todo el fin semana del suceso, y nadie sabe los motivos que impulsaron a esa persona a saltar al vacío. La gente no comenta nada por el barrio, ni en la panadería ni en el puesto de prensa se escucha nada sobre el suceso. Desaparecer por el hastío y la falta de salidas o perspectivas de futuro, acabar con la angustia diaria.
No bajé a hacer fotografías, me hubiese sentido muy mal haciéndolo. No creo que sea una cobardía tomar esa decisión. En estos momentos es un acto de rebelión, el último que puede hacer un ser humano ante el expolio que estamos sufriendo. Nos están robando todo aquello que hemos pagado con nuestros impuestos durante años, su último gran negocio, privatizar la sanidad.
Me acuerdo de las fotografías de Lewis Hine, Walker Evans o Dorothea Lange que fotografiaron la miseria y la esclavitud de generaciones anteriores, imágenes que pensábamos que estaban superadas vuelven a ser actualidad, ahora las capturamos con tecnología digital y las compartimos rápidamente. Las miradas sin esperanza del pasado, se reproducen en los ancianos que protestaron en la Puerta del Sol el sábado, por las participaciones preferentes de Bankia, La Caixa y otros muchos bancos más.
Así están las cosas, nos roban y expolian, y nos reprimen con la violencia policial, que tiene como objetivo la detención de cámaras de televisión y fotógrafos para que sus atropellos no queden reflejados en imágenes, y sus fechorías queden impunes. El frío de la mañana me atrapa en los jardines del Palacio de Anglona, en el centro de Madrid, descuidados y abandonados a su suerte, contrastan con los carteles en defensa de la sanidad pública que penden de los balcones del centro de salud que está enfrente. La crisis ha sacado a las gentes de las tiendas, y ahora deambulan por las calles buscando los suaves  rayos de sol del final de otoño. No hay futuro, sólo un día detrás de otro, en los cuales tenemos que sortear las trampas que nos ponen en el camino. El final del túnel se adivina muy lejano.

Dorothea Lange © Life

Rafael Roa © 2012 – 1/12/12
Manifestación de estafados por las preferentes de la banca española, casi todos ancianos y pequeños ahorradores.

Share →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *