Rafael Roa @ 2005
J.M. Caballero Bonald, Premio Cervantes 2012

Caballero Bonald ha sido galardonado con el Premio Cervantes 2012. En aquel verano de 2005 tenía que representar la ira, uno de los pecados capitales. El hombre que escribió el poema “Hijo de Libertad” ofreciéndome su mirada más dura, con una daga en la mano.
Pude haber corregido su pose, la forma de empuñar la daga o haber intentado provocar en su mirada una expresión mucho más dura. En un retrato muchas veces lo mejor es no modificar aquello que te ofrecen, el gesto espontáneo o la mirada que te fulmina a través del objetivo. La idea era esa, el personaje estaba dispuesto interpretar un corto papel. Después de las fotografías vienen las palabras, las opiniones, las ideas que fluyen para ser impresas y compartidas.
Cuando el aire se hace irrespirable nos quedan los poetas, me citan en un lugar donde comen los padres de la patria, aquellos que legislan como robarnos el futuro y llenar sus arcas. Tengo que ver la decoración del local para un trabajo, y me encuentro con la mesa donde esas gentes abrevan exquisitos manjares, entre risas y algarabía. Mientras un fotógrafo inmortaliza el glorioso instante. Unos maderos vigilan tomando café en la barra, y hablando de sus cosas. Salen todos, ministros, diputados/as, con la panza llena y una sonrisa de satisfacción, de saber que esas facturas las vamos a pagar “los otros”.
Caballero Bonald escribió “somos el tiempo que nos queda”, y será tan fugaz como el que tardan las sombras en devorar a las luces. Aquella estación tiene sombras que son como boca de lobo, o corres o te engullen. El tiempo nos reduce cada día a un instante.
Me gustan los buenos poetas, Caballero Bonald es uno de ellos. Con José Hierro me cruzaba a menudo por el barrio, su silueta se perdió en el recuerdo, igual que la imagen del hombre que se lanzó contra el asfalto. Quedan huellas de sangre sobre el pavimento, mal disimuladas por una limpieza fugaz.
Cuando intentas recordar retratos que has visto, siempre te vienen 3 o 4 a la memoria, después el resto. Hoy os muestro otra vez esta maravilla de Yasuzo Nojima de 1932. Moderno, directo, intenso, misterioso, con esos pequeños golpes de luz que equilibran el rostro y acentúan la intensidad de esa mirada con un sólo ojo.
El día se ha hecho un instante, me queda el silencio de la noche para aprovechar mi tiempo, ese bien tan preciado.

Rafael Roa © 2012
Madrid, estación de Atocha

Yasuzo Nojima © 1932

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