Rafael Roa © 2012, Padova

Llegamos a Padova con una lluvia fina de otoño y un cielo encapotado. Mientras avanzamos por la via Roma nos encontramos con una manifestación de estudiantes en una jornada de huelga general de la enseñanza. Los maderos de aquí esperan con sus cascos y escudos, no hay más de 50 situados al final de la marcha. Delante un coche de la policía abre la manifestación y después todos los estudiantes corean sus consignas y exhiben sus pancartas. Ningún incidente. No hay brutales cargas policiales como en Madrid. Dejamos atrás la manifestación y me dirijo con mi hijo hacía la capilla Scrovegni.
La maravilla pintada por Giotto espera. Mi hijo Alberto, estudiante de 5º de Historia del Arte es un apasionado de este pintor. Me explica emocionado cada detalle de la capilla.
No puedes irte de Padova sin ver esta capilla y las esculturas de Donatello que se encuentran en el altar mayor de la Iglesia de San Antonio. La lastima es que no puedes acercarte a verlas con detalle. Los recuerdos del santo se agolpan a la salida al lado de la estatua ecuestre “Gattamelata” la celebre obra de Donatello. Padova es una ciudad amable, tiene ese aire del Veneto con sus canales fluviales con los cuales se podía llegar hasta Venecia. La gente se mueve en bicicleta y eso ayuda a que sea una ciudad más tranquila. La lluvia se detiene, y poco a poco el sol sale y llena de una luz amable los mercadillos que se montan en la ciudad. La gente se mueve con calma, hay alguna que otra asamblea de ciudadanos y los estudiantes comen pizzas sentados en las plazas.
Me acuerdo de las fotografías de arquitectura de Gabrielle Basilico y al mismo tiempo disfruto de los edificios de esta ciudad. Debe de ser una gozada plantarse con una cámara de 10×12 cm a las 7 de la mañana y empezar a disfrutar de las perspectivas que esta ciudad te ofrece. La elegancia decadente del “Caffé Pedrocchi” me anima a entrar.
Acabo mi paseo por Padova con una imagen que me atrae por su contraste de color.
Mañana comienzo mi taller de retrato e iluminación, un fin de semana de trabajo duro e intenso, intentar trasmitir lo que sabes en una lengua que no dominas no es fácil.
El lunes me espera Venecia y esta pequeña trattoria cercana al taller de góndolas por donde vivía Ezra Pound. Hace 22 años busqué sus huellas, y acabé haciéndole una visita en su última morada, en el cementerio de San Michele, creo que esta vez la repetiré.

Rafael Roa © Manifestación de estudiantes en Padova

Rafael Roa © Padova

Gabrielle Basilico ©

 

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