Erwin Olaf © Hotel Milan

Hoy ha diluviado desde el amanecer, a esta hora sigue sin parar. Los días así unidos a las noticias de los deshaucios y de las gentes que se suicidan para no ver como pierden el esfuerzo de su vida, terminan afectándome más de lo que quisiera. Ya no soy un tipo tan duro, el paso de los años te hace más vulnerable, pero por lo menos me queda todavía la capacidad de rebelarme y no aceptar lo que veo.
Rotko afirmaba “que la sociedad es poco amistosa y hostil” y Motherwell que “es irracional y absurda y uno se siente aislado con facilidad”.
Son palabras muy suaves para definir la injusticia y la falta de ética de aquellos que nos representan y son el felpudo del capital.
A un individuo le puedes quitar todo menos su dignidad, eso por mucho que le humilles nunca podrás arrebatársela. Le puedes quitar todo menos su pensamiento y sus ideas sobre los verdugos.
El arte de los burgueses, el falso malditismo de aquellos que han sido niños malcriados en colegios de lujo y luego nos narraban las orgías y desfases desde un lujoso apartamento de Nueva York. El arte burgués de los niños ricos que juegan a putear a papa drogándose, y con poses de falsa rebeldía.
O la videoartista suiza de los colores, las flores y el sonido distorsionado y repetitivo, como si de una grabación traviesa de internado adolescente.
El sistema nos ha hecho mirar para otra parte, ha construido un decorado que aislase a las clases medias de las injusticias que se producían en la base de la pirámide. Éstas han apoyado al poder hasta que han empezado a esquilmarlas a ellas.
El arte de los años de bonanza, en una gran mayoría ha sido la mayor colección de mierda jamás producida. Todo arte decorativo y especulativo, no aceptaban otra cosa en las galerías y en las bienales, los grandes bazares del arte contemporáneo. “Gentes vips e idiotas vips” que se creían en la cima del mundo porque les dejasen descansar sus pies en esas salas reservadas a los capataces del cotarro. Están de moda los alemanes, pues a comprar alemanes de 3 metros. Después los chinos retomaron la antorcha de la fama y la modernidad. Y así ha seguido el negocio.
El problema es que su mundo perfecto ha estallado, y el tetrix donde todo estaba controlado puede saltar por los aires en el futuro.
¿Alguien seguirá dando bolsas de monedas de oro a aquellos mercaderes de formatos gigantes de vacío?
Ahora empezamos a ver a aquellos que han metido la mano en la caja del tesoro y se empiezan a destapar los escándalos en nuestros gestores del arte público. Todo se derrumba, nada de lo incuestionable, y lo que ayer era verdad hoy es una gran mentira. Habrá que comenzar a construir algo si las cenizas pueden servir para la base de algo nuevo y sólido. Autores como Erwin Olaf son siempre un buen refugio para huir de la gran farsa.

Erwin Olaf © Berlin Portrait

Erwin Olaf ©

Share →

5 Responses to La Gran Farsa

  1. […] simulados, similares a los que vemos en el cine. Desde autores como Axel Prager, Gregory Crewdson, Erwin Olaf, Todd Hido, o Alec Soth por poner algunos ejemplos, todos hemos caído en la tentación de usar la […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *