Francisco Ontañon © 1960

Francisco Ontañón (1930, Barcelona – 2008, Madrid) es uno de los grandes nombres de la fotografía española. Miembro del Grupo AFAL une su nombre a una gran lista de fotógrafos que nos mostraron con sus obras uno de los periodos más negros y duros de este país.
La Galería Arte Sonado, en La Granja de San Ildefonso (Segovia), expondrá una serie de sus trabajos desde el próximo 6 de octubre hasta el 16 de diciembre. La muestra ha sido comisariada por Laura Terré y lleva por titulo “Más Que Niños”.
Conocí a Paco Ontañón en 1988 aproximadamente, cuando comencé mi colaboración con El País Semanal. Solíamos coincidir los fotógrafos con nuestras planchas de diapositivas en torno a la mesa de luz de la sección de maquetación. Paco era un hombre afable que siempre saludaba y que se movía con celeridad por la redacción. Mis recuerdos se reducen a pequeñas anécdotas en el periódico. Era un nombre respetado de la fotografía española y admirado por todos aquellos que como yo estábamos empezando profesionalmente.
Años atrás había conocido a Gabriel Cualladó en la RSF y tuvimos la suerte Puga, Ramirez y yo de que inaugurase nuestra galería Image con una exposición suya.
Ontañón y toda está generación es la que ha sentado las bases de todo el fotoperiodismo que años después comenzó a hacerse en este país. Es una generación de la cual y afortunadamente podemos contemplar sus obras en el MNACRS, pero que desde mi punto de vista necesitaría de una gran exposición retrospectiva que reflejase la gran importancia de estos autores en relación con los grandes nombres internacionales de su época.
Hay una entrevista de Ángel Lacalle y Manuel Rodríguez en la web de El Ángel Caído que le hacen a Paco Ontañón donde podemos ver sus opiniones sobre el neorrealismo, la censura, la fotografía y como fueron sus primeros pasos hasta convertirse en un gran fotógrafo.
Paco ha fotografiado la propia vida, de aquellos años duros y difíciles para la supervivencia diaria. Lo hizo con esa mirada especial de aquel que busca algo más que hacer una fotografía. Sus imágenes reflejan la realidad sin tapujos, pero también la muestran con su sello personal e inconfundible.
Vivimos en un país cainita, nunca hemos valorado el talento de los nuestros y hemos babeado con otros de igual e inferior calidad sólo por el mero hecho de ser extranjeros.
Muchos autores de esta generación se han muerto sin un reconocimiento individual acorde a su calidad y peso dentro de nuestra fotografía. Por eso, ver sus obras y difundirlas a las generaciones jóvenes es el mejor tributo que podemos hacerles.
Yo no podré estar en la inauguración este sábado por motivos de trabajo, pero espero que muchos de vosotros os acerquéis a esta galería a contemplar las obras de uno de los grandes maestros del fotoperiodismo de este país.

Yo de pequeño era muy malo, cuando comencé a trabajar en un banco ya no tenía ni padre ni madre, vivía con mi tía, una hermana de mi madre. Me pusieron un tutor. Me escapaba de casa y hacía lo que quería. Mi tía no podía conmigo. El tutor era un militar y un día (tenía catorce años) me cogió y me llevó a la comisaría más negra y cutre que hay en Barcelona, en la calle Unión, de esas que tienen las rejas a ras de la calle. La mesa del comisario era como esa foto famosa de Cartier-Bresson donde hay una lámpara, una mesa de madera, un tipo y un acusado. Me hicieron quitar el cinturón y los cordones de los zapatos. Me pasé la noche en un lugar lleno de humedad.
Si hubiese seguido por ese camino hubiera terminado muy mal.
Pero descubrí la fotografía y me permitió conocer una afición que me hizo ver el mundo de otra manera, porque yo no conocía nada de la vida, sólo conocía mi barrio y cuatro escaparates que veía todos los días cuando iba y volvía del banco.
Siempre que puedo cuento esto a la gente joven.” Paco Ontañón, 2008

Francisco Ontañon © 1960, Boda en Salamanca

Francisco Ontañón © Barcelona, 1959

Francisco Ontañón © 1959, Semana Santa en Málaga

Francisco Ontañón © Autorretrato

Francisco Ontañón © 1960

 

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