Rafael Roa © Rupert Everett

A raíz del post sobre el trabajo de Cristina Garcia Rodero para la casa real, he decidido hacer unas pequeñas reflexiones sobre la libertad en el encargo fotográfico.
Solamente el fotógrafo tiene libertad absoluta de creación en aquellos trabajos que él produce y luego intenta vender. En el resto de los encargos siempre hay un conjunto de limitaciones que condicionan la realización del mismo y que son los intereses del cliente.
En publicidad se trabaja sobre un boceto que la agencia te muestra cuando quiere que le pases un presupuesto para la realización de su idea. Pasas el presupuesto y si te lo aceptan y eres el elegido tienes una reunión en la cual se comenta como organizar la producción. En esa reunión si tu has madurado alguna idea es donde puedes intentar incluirla, pero los limites son muy estrechos. El boceto sobre el cual tu has presupuestado ya ha sido aprobado por el cliente por lo cual no puedes intentar convencer a la agencia que haga cambios radicales, salvo que tu idea sea tan brillante que pueda ser asumida por la agencia.
Haces el trabajo, lo entregas y ya te olvidas de todo, por salud mental. Tus imágenes pueden ser modificadas en cualquier sentido por la agencia para la realización de los artes finales de la campaña.
Sólo tienes que preocuparte de cobrar, y en otros tiempos donde se respetaban los derechos del fotógrafo, en que no usasen tus imágenes para soportes no presupuestados. Hoy en día, sólo te tienes que preocupar por cobrar. Cuando la campaña de publicidad se realiza con una estrella internacional, en el extranjero y coincidiendo con la grabación de un spot todo se complica mucho más.
Primero tienes que hacerte amigo del realizador para que te facilite los tiempos de tus tomas y las luces que necesitas, si es que no puedes incluir tu iluminación propia en el set.
Por supuesto tienes que estar preparado para todo, porque puede que tu sesión se planifique a una hora en el set de rodaje y 10 minutos antes te digan de producción que todo ha cambiado y que va a ser en otra localización.
Los tiempos de tomas se reducen en estas circunstancias y no puedes fallar, sobre todo si trabajas en diapositivas. Haces tus fotos en un tiempo mucho menor del que la agencia de publicidad te ha asignado. Tienes que conseguir exactamente aquello que te han pedido.

Rafael Roa © Alta Costura, experimentación personal. PDH

Esto en lo referente a la publicidad con grandes estrellas, se parece mucho a los retratos de altas personalidades o celebridades internacionales. Aunque el encargo te lo haya hecho el medio más importante de este país, siempre tienes la limitaciones que no tiene el Vanity Fair Usa,  o las grandes cabeceras de Vogue.
Te puedes encontrar en un palacio en Roma o en cualquier otro lugar con la celebridad de turno. Tu tiempo será mucho menor y tu libertad va a consistir en tu capacidad para realizar un buen retrato, con un personaje que seguramente esté pensando en otras cosas y deseando que termines. Tu capacidad de improvisación y de relación con el personaje es lo único que te permitirá que consigas una buena imagen. Siempre luchas contra situaciones que escapan a tu control y hechos que modifican tus ideas previas sobre la sesión. Sólo eres tu mismo cuando tu produces una historia y luego intentas vender a un medio.
Salvando esa excepción los limites son cada vez mayores en cuanto tu personaje es más importante y detenta más poder. Tu prestigio servirá para que te concedan pequeñas excepciones, pero nada más. Por eso es muy fácil criticar a otros cuando se desconocen los condicionantes que han podido tener en la realización de una u otra producción.
Hay un documental sobre Helmut Newton donde se ve claramente una situación similar a las que os he contado. Se ve a Newton intentando hacer un retrato a Billy Wilder, Newton está nervioso intentando captar a atención de Wilder que no para de hablar, gesticular o moverse. Situaciones de ese tipo, cuando el personaje no se levanta del sillón de su despacho y su concentración está en otras cosas son las que ponen a prueba la capacidad del fotógrafo de poder hacer una buena foto o la más correcta posible. He querido ilustrar este post con imágenes que he realizado en plena libertad pese a ser encargos comerciales. Hubiese preferido mostrar alguna de las campañas de publicidad a las que hago referencia, pero el ser un desastre en el orden de mi archivo me lo impide.

Rafael Roa © Ryuichi Sakamoto

 

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