Ruth Orkin © 1951
¿No tienes miedo a viajar sola?

He elegido esta instantánea de Ruth Orkin de 1951 para hablar sobre la pasión de fotografiar, sobre esa necesidad de congelar el tiempo en imágenes.
Desear captar nuestras ideas o los momentos de la vida que queremos guardar.
Todo esto nos llevaría a volver a hablar de los recuerdos pero prefiero centrarme en el hecho del instante en el cual decidimos apretar el disparador de nuestra cámara.
Que es aquello que nos produce al mirar el mundo a través de un pequeño orificio y aislarlo de la realidad y que no podemos resistir la tentación de guardarlo dentro de una cámara.
¿Como definir la tentación de fotografiar?
Hay un sentimiento de posesión, de como hemos comentado en muchas ocasiones tener el recuerdo de un tiempo pasado materializado en una fotografía. Cuando no encontramos ese instante del pasado que tenemos en una caja, nos produce una desazón y contrariedad. El otro día me pasaba algo así, buscaba un retrato que le hice a Paul Bowles en 1990 en Tánger.  Recuerdo el instante como si hubiese sido ayer. Estábamos en su casa y Paul Bowles me recibió en la cama. Sus sirvientes marroquíes me llevaron hasta él. Era una habitación con la luz tenue del atardecer. Él estaba en la cama, sentado y tapado hasta la cintura con una manta, erguido, elegante con camisa, corbata, y una chaqueta fina de lana, abotonada. Sus manos estaban sujetando la manta que lo tapaba.
Una pequeña bombilla en una lampara de pie a su izquierda terminaba de completar la iluminación. Un hombre sentado cerca de la lampara preparaba una pipa de agua.
Bowles me había pedido que fuese muy breve, sus ojos brillaban, y su actitud era la de un hombre coqueto de mirada serena. Me miró fijamente mientras subía ligeramente el mentón como yo le había pedido. Hice tres disparos, el resultado fue el de una mirada intensa que surgía de la penumbra de la habitación. Sólo positivé un par de de veces ese retrato, me gustaba mucho. Ahora no lo encuentro en mi archivo, el recuerdo tan minucioso de la escena no me da ninguna pista sobre en que caja puede estar.
No podré materializar ese recuerdo hasta que no encuentre ese negativo y lo positive de nuevo, nadie creerá que yo hice ese retrato, la fotografía es la prueba.

Simon Roberts ©

No encontrar el recuerdo y detener el tiempo en una imagen, poseer el instante. Quizás ese sea el verdadero motivo, atraparlo para probar que estuvimos allí.
Puede ser que no nos podamos resistir a ser los únicos en fotografiar algo que consideramos un momento especial, y que esa sensación de poseerlo, se complemente con el reconocimiento de nuestra pericia por parte de aquellos que ven en esa imagen algo diferente, que sólo nosotros contemplamos en directo.
Lo que es un hecho irrefutable es que cuando te atrapa el deseo de producir imágenes, de coleccionar parte de la vida ya no puedes parar. Guardar esos instantes es algo tan satisfactorio que una vez que has elegido a la fotografía como tu medio de expresión, tu vida girará siempre entorno al ella.

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5 Responses to La Tentación De Fotografiar

  1. Fuera de polémicas, reflexiones de este tipo son las que nos acercan a todos los fotógrafos, tanto profesionales como amateurs. Yo diría que gracias a la fotografía simplemente soy capaz de vivir mejor por saber prestar más atención a lo que sucede a mi alrededor. En definitiva la vida, el tiempo, los ciclos nacimiento, desarrollo y muerte de cualquier cosa, pasan ante nuestros ojos (objetivos) con más detalle, con más nitidez, y siempre con la luz como protagonista, en su distinta intensidad. Por favor Rafael, sigue buscando ese retrato, esa prueba, para compartirlo con nosotros, los fotógrafos que te seguimos.

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