Jacques Olivar ©

Jacques Olivar (1941, Casablanca), esté fotógrafo de madre andaluza bailaora de flamenco es un hombre donde se funden diversas culturas. Aprendió a tocar la guitarra mientras su madre bailaba la soleá. Su vida ha sido una road movie, un hombre con ansias de libertad que creció en las playas de Casablanca. Disfrutó de la misteriosa Tanger de finales de los ’50 y se inspiró en la literatura de Mohamed Choukri, Timothy Leary, Jack Kerouac, Allen Ginsberg o William S. Burroughs.
Paris le adoptó, y empezó su carrera prestigiosa como fotógrafo, sin olvidar en su equipaje a Lorca, Steinbeck, Genet o Tennnessee Williams. Un hombre es la síntesis de su equipaje, un fotógrafo también.
Olivar ha cambiado radicalmente la estética de su trabajo de moda, no es el mismo de los años ’80 en las páginas del Vogue Paris. Su estética es contemporánea, quizás otras artistas más jóvenes puedan haberse “inspirado” en su trabajo, sólo hay que ver las fechas de sus obras para darse cuenta quien abrió la puerta primero.
Su trabajo de moda refleja su vida errante, él no se siente de ningún lugar, sólo es un hombre que busca hacer imágenes atractivas cada día y vivir de su pasión, la fotografía.
Es un maestro silencioso, no es amante de los ruidos ni de las grandes puestas en escena, tiene un marketing sencillo y honesto, no vende humo, ni cambia cosas valiosas por canicas de colores.
Enfundado en su ropa negra, mira, observa, crea la escenografía y fotografía con la ilusión del que comienza en la profesión. Siempre da una vuelta de tuerca a sus imágenes, busca algo diferente que poder aportar a una simple fotografía de la moda.

Jacques Olivar ©

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