Rafael Roa © 1992

Hoy he recibido el email de una coleccionista en el que me transmitía tu satisfacción a la recepción de la obra que me ha comprado. Este hecho y la observación de las obras de Richard Avedon y Paz Erráuriz en la exposición “Aquí Estamos” me ha hecho reflexionar sobre el valor de las copias que realizamos de nuestras obras y los nuevos procesos de reproducción que han llegado con la tecnología digital.
La obra adquirida era un reproducción digital de una placa de 10×12 cm de mi serie Hidden Desires. Se ha impreso con tintas pigmentadas y sobre un papel baritado.
Soy un fotógrafo de tirajes prácticamente únicos, de mi serie Hidden Desires positivada en 1992 sólo me quedan 26 copias de 40x50cm, el resto hasta las 50 de la serie han sido vendidas en estos años. También supongo que seguirán existiendo las copias positivadas para el Centro Andaluz de la Fotografía, para una exposición que nunca se hizo y que estarán en cualquier almacén de esa institución.
Para mi, cada copia positivada por el sistema tradicional es única. Por mucho que se hagan dos copias iguales con el mismo tiempo de exposición, siempre hay pequeños matices que las diferencian aunque puedan ser practicante imperceptibles.
El proceso químico es mas artesanal y menos preciso que la impresión digital, aunque para mi tiene matices de blancos y negros, de gama y contraste que son diferentes de cualquier impresión digital.
Un laboratorista es un estupendo solista de una orquesta que interpreta a la perfección los valores que el negativo tiene y que siguiendo las instrucciones del fotógrafo realiza la copia según su criterio. Para poder dar instrucciones a un laboratorista hay que saber tanto como él y haber pasado muchas horas en el cuarto oscuro.
Quiero llegar al valor que el autor da a las impresiones de su trabajo. para mi tienen mucho más valor las copias positivadas por mi y después por un laboratorista en el momento en que hice la obra. Son copias de época hechas con los papeles y los químicos de aquellos años y en este momento aunque se pudiese hacer un nuevo tiraje, serian diferentes.
Los escaneos de nuestros negativos nos llevan a una interpretación diferente de la obra.
El mayor de rango dinámico de la tecnología digital nos lleva a la realización de impresiones con una filosofía y acabados diferentes de los positivos de la primera época realizados por el sistema tradicional.
Así en la exposición a la que hacía referencia, las copias de época de Richard Avedon tienen esa relación de contraste de la fotografía química, mientras que las impresiones digitales de Paz Erráuriz tienen a tener un exceso de rango dinámico, un contraste más bajo, que otorgan un aspecto de copias excesivamente suaves. Para mi gusto deberían tener un poco más de contraste.
Estos aspectos tan sutiles sólo los detectan personas que vengan de la fotografía química y que dominen ese proceso.

Rafael Roa ©
Reproducción de la obra vendida hecha con el IPhone en el laboratorio

¿Y que valor le damos a las copias?
Son meras reproducciones de imágenes de acuerdo a la tecnología de la época.
Yo que soy un sentimental doy más valor a los positivos de mis primeros años, creo que son más auténticos y reflejan mejor lo que yo quería expresar. Yo era fotógrafo y trabajaba con herramientas que hoy ya están en desuso, pero me gustan esas herramientas, y para mi son mis pequeños tesoros.
Os recomiendo la lectura del ensayo de Walter Benjamin “La Obra De Arte En La Época De Su Reproductibilidad Técnica” para que tengáis un punto de vista muy importante sobre el artista, la obra y la reproducción de las mismas.

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