Ouyang Xiankai ©

No encuentro ninguna referencia más de este fotógrafo chino, una carpeta en mi ordenador con 4 imágenes que me debí de bajar de alguna exposición colectiva de fotografía China en algún museo de Europa. El caos, la perdida de quienes somos, estamos sumidos en una maraña de datos y cualquier pequeño error nos condena a un agujero negro.
Analizo la fotografía, veo una anciana tendida en su cama, arropada, mientras un hombre está sentado a su lado. Entra una luz de amanecer por la ventana, apostaría que es un sol de invierno, de esos que no calientan pero engañan.
Fotografías de rostros perdidos en la pared, recuerdos de otros tiempos. ¿Son ellos de jóvenes, sus hijos?
Ya no existen porque no les ven, esa es una de mis premisas, sólo existes cuando te veo.
No nos reconocemos en las fotografías del pasado, no somos nosotros, ya no existimos así, nuestra erosión nos han convertido en otros completamente diferentes.
Las fotografías del pasado son recuerdos de otros tiempos. Veo una web de un fotógrafo, retratos de gente real, titula a su proyecto.
Eso es sólo una aproximación, la gente deja de existir en cuanto la iluminas y cambias la geografía de su rostro, le otorgas una lectura diferente a sus surcos de lágrimas.
Es la opinión del fotógrafo, ellos no existen en las fotografías, manipulamos el resultado con nuestra mirada subjetiva, el individuo que colocamos delante de nuestra cámara se convierte en una creación nuestra, alguien que sólo se le parece.
La luz cambia todo, no es lo mismo un sujeto en penumbra que iluminado para que desaparezcan las sombras de su rostro, por lo tanto podríamos preguntarnos cual sería la luz correcta para ese individuo, cual se acerca más a los fantasmas que habitan en su interior.
Una fotografía no refleja toda la realidad, sólo existen pequeñas aproximaciones que se le acercan, a algo que ya no existe. Es pasado, huellas que se borran, referencias de otro tiempo, que siguen causando en nosotros una atracción a la cual no nos podemos resistir. La magia de la contemplación de una fotografía a veces es un proceso de seducción infalible. Ves el rostro de quien amas, un día lejano que fuiste feliz, tienes esa prueba de que aquello que recuerdas, que en algún momento pudo suceder, como habita en tu memoria.
Fotografiar al otro, la fascinación de poseer su imagen modelada por el equilibrio que nosotros queramos establecer entre las luces y las sombras, no es el otro, es nuestra opinión del sujeto.
Avedon lo tenia claro, el retrato es una opinión, pero yo necesito relacionarme, que me mires como si fuese de verdad la mirada que me das, sentir ese engaño, que algo importante sucede en ese instante, para ser feliz fugazmente.

Fotograma de Melancolía de Lars Von Triers

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