win wenders ©

Uso esta imagen del cineasta Wim Wenders (1945, Düsseldorf) para reflexionar acerca de la fascinación de fotografiar carreteras, caminos, que nos dirigen hacia un horizonte que parece no tener fin. Me atraen profundamente este tipo de imágenes y algunas de Robert Frank son mis favoritas. Los caminos son siempre una posibilidad, y un cruce de carreteras se nos presenta como varias opciones a elegir. La vida es así, una elección continua que determina siempre nuestros siguientes pasos. Igual que la fotografía, podemos realizar la misma foto con diversas combinaciones de aperturas de diafragmas y tiempo de exposición y cualquiera de ellas nos determinará la estética de la imagen, la profundidad de campo nos cambia el resultado final, aunque muchos no lo sepan. La vida es una road movie, avanzar hacía el futuro tomando decisiones.

Robert Frank ©

La seducción del infinito, de los espacios abiertos, el horizonte lejano, no vemos los limites, y aunque avancemos parecen alejarse. Todo queda atrás, cuando cambiamos de rumbo, damos la espalda al camino recorrido y aunque siempre tenemos la posibilidad de volver no siempre lo hacemos. Elegir una opción determina el abandono de otras posibilidades. “El viajero es alguien que comienza un viaje y no sabe cuando lo va acabar”. Esta frase de un personaje de Paul Bowles nos explica una definición del viajero. La actitud de no saber si vas a regresar, no hay vuelta atrás. Igual que en la fotografía química, un error causa un mal resultado y no hay rectificación posible.

Richard Misrach ©

Los caminos y las miradas perdidas, las decisiones, la cámara que usamos para elegir las imágenes que queremos retener y que nos definirán ante los demás. No hacen falta palabras, ni gestos, nuestras imágenes cuentan como somos, que nos interesa, cual ha sido nuestro camino y cuando nos hemos detenido para siempre. Vemos las fotografías de otros y podemos saber como eran, y que les interesaba de la vida. Muchas veces nos negamos a rebuscar en nuestros archivos para no despertar a los monstruos del pasado, esas imágenes que duermen en cajas llenas de negativos y contactos. Miradas, lugares, cuerpos, objetos por los cuales no queremos transitar de nuevo. Que lo hagan otros, que no tengan prejuicios sobre nuestros cadáveres.

 

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