Rafael Roa © 2012 - Ana Rodríguez Calvo, actriz

Me interesa el retrato como forma de opinión del fotógrafo sobre el sujeto que fotografía, y como forma de relación. Siempre me han gustado aquellos autores que hacían retratos incontestables, miradas sinceras, gestos precisos, la atmósfera necesaria, y una definición precisa del sujeto. En el retrato se basa el desarrollo de la fotografía, las clases medias y bajas tuvieron acceso a verse reflejados en un soporte material que contenía su propia imagen. Por lo tanto el nuevo invento se puso de moda rápidamente y tener un daguerrotipo o un ferrotipo causo furor entre las gentes. Durante muchos años he hecho retrato editorial, he tratado de mostrar mis opinión de los sujetos que fotografiaba, mi propia interpretación de ellos. Me atraía mucho el proceso de seducción hasta conseguir que me entregasen algo suyo, y era feliz cuando lo había conseguido. La fotografía como herramienta de creación contemporánea ha incorporado lo que yo denomino el retrato de ficción. Se trata de dirigir a un actor o a cualquier persona a que interprete a un personaje o una situación inventada. Esto ocurre en la fotografía el video, el cine, la performance o el teatro. Ser lo que no somos, convertirnos en una ficción creada por un tercero, interpretar un papel, en definitiva, puro teatro.

Erwin Olaf ©

Todo se basa en la ficción, cada vez hay menos cantidad de verdad en un retrato. Como comentaba David Bailey: “Su escaso interés por fotografiar celebridades, debido a la perdida de intimidad con el personaje”. Él afirma que debido a los entornos que llevan las celebridades, el fotógrafo ha perdido la iniciativa creativa, y está prisionero de todos los condicionantes del equipo de la estrella. No es nada grave, la realidad, la verdad del retrato ha dado paso a la ficción, a interpretar algo que no es real. Ahora a algunos autores de la denominada fotografía contemporánea se les denomina contadores de historias. Todos lo somos cuando hacemos un retrato, ya no importa si es de verdad o no, lo único que interesa al autor es su relación con el espectador, el consumidor final.

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