Rafael Roa © 2012

Llevo varios días leyendo comentarios en diferentes foros de fotografía sobre la “fotografía contemporánea”. Es un debate que a mi ya me aburre por dos razones, primera no creo en las etiquetas aunque me vea obligado a usarlas, y sólo me interesan los autores que sobresalen por encima de toda la corte de imitadores que se apuntan a una corriente, para hacerse en un hueco en el mercado.
No quiero ser repetitivo con esta reflexión y voy a entrar en una cuestión que me empieza a inquietar, y que es el manejo de la herramienta.
Cuando trabajamos con una cámara, hay unos pequeños códigos que debemos respetar para que el espectador tenga acceso a una imagen atractiva, y que puede captar su atención. Una cuestión básica son los “traslapos o intersecciones de planos” que se producen en la escena y su relación con el personaje principal de la fotografía.
Veo el portfolio de una joven reputada fotógrafa, y comienzo a ver todo este tipo de defectos en sus imágenes. Fotografías de mujeres en una calle, planos medios generalmente, traslapos que cortan cabezas en sentido vertical y horizontal, golpes de color y de luz, en las esquinas de la imagen o por encima de la cabeza del personaje, y todo rabiosamente nítido. Imposible leer esa imagen y explorarla, al primer golpe de vista percibes esas reglas tan básicas de un primer curso de fotografía que han sido transgredidas por esta “artista”.
Además, eran una mala imitación de mi querida y sobrevalorada Cindy Sherman. Ver este tipo de defectos en las redes sociales con el primer té del día es normal, pero verlo en una galería te indica el criterio del galerista sobre el tema.
La fotografía y después de la llegada del digital ha sido el refugio de mucha gente que no despuntaban en otros campos, como la pintura. Han visto que esta herramienta podía ser su último cabo para intentar convertirse en un artista.
Además como sólo tienen escasos conocimientos en el manejo de la cámara contratan a un ayudante joven que sepa algo más que usar la tecla on/off.
El segundo paso lo resuelven con un retocador digital que les procesa las imágenes y se las prepara para ser impresas por un laboratorio de calidad. A mi me gustaría saber pintar, en algunas ocasiones he emborronado un lienzo sólo con mi intuición, pero tengo mucho respeto al manejo de las herramientas si no he aprendido su uso.
Al final aquel slogan de Kodak que decía “Usted apriete el botón que nosotros hacemos el resto” se ha convertido en una verdad absoluta. Cualquiera puede apretar el disparador de una cámara, luego todo se soluciona contratando a otros que hagan el resto. El problema se produce cuando el que aprieta el botón, sólo sabe eso, apretar compulsivamente el botón como un pequeño chimpancé.

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