Inving Penn fotografiando en Nueva Guinea, 1970

Muchas veces los turistas occidentales irrumpimos en otros países que podemos denominar exóticos como un elefante en una cacharrería. Vamos con nuestras cámaras, y nos creemos con la autoridad para irrumpir en la vida de los otros. Esos negritos de sonrisa ingenua, o esos indígenas vestidos con atuendos tan coloridos y que tocan tan bien sus instrumentos tradicionales.
Creemos que ellos están obligados a posar para nosotros, a veces incluso les ofrecemos unas monedas con la intención de comprar su imagen a cambio de su necesidad. La verdad es que estas actitudes me repugnan tanto como si son turistas o profesionales acreditados en busca de imágenes únicas para su obra personal.
Si no hay respeto hacia la persona que vamos a fotografiar rompemos la regla básica del retrato que es la relación con el sujeto.
Muchas gentes vuelven de sus viajes con la sensación de poseer un tesoro único, gigas y gigas de imágenes de sujetos exóticos que luego forma parte de los tediosos concursos de empresa al final de cada año. Se creen que este año tienen la foto que les hará merecedores del codiciado galardón de ese concurso local.
Las webs donde muestran esas fotos para competir son sus vecinos se llenan de tediosas imágenes similares donde el que las sube primero lleva ventaja.

Turistas en Lima

¿Nos paramos a reflexionar sobre como hemos realizado ese acto fotográfico?
No estoy hablando de la reflexión necesaria para realizar una fotografía, si no cual esta siendo nuestra relación con la persona que tenemos enfrente.
¿Le hemos acosado y aún a sabiendas de que no desea ser fotografiado insistimos hasta conseguir nuestro propósito?
¿Hemos tratado de comprender cual es la vida de esas gentes, o por lo menos nos hemos interesado por como sobreviven?
¿Les tratamos despectivamente y nos reímos de ellos por qué les consideramos inferiores?
Estas preguntas las debieran de contestar esas manadas de turistas a la vuelta de sus vacaciones, y ser capaces de tener otra actitud ante la vida de aquellos que por unos días sólo son un objeto exótico, una presa para su concurso de fotografía.
Lo peor es que ha pasado de los safaris fotograficos que se realizan sobre algunas tribus a los “safaris humanos” en determinadas zonas del Perú como ha denunciado Survival Internacional.

Tribu del Amazonas Peruano amenaza por los “Safaris de Humanos”
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