rafael roa © Emma Suárez 1997

El otro día hablando con mi amigo Luis Baylón comentábamos que quizás pertenezcamos a una de las últimas generaciones de la fotografía química. Sobre las diferencias entre el acto fotográfico de
la fotografía argéntica y de la fotografía numérica, Luis comentaba sobre ese gesto absurdo de mirar
la pantalla cada vez que fotografías. Como si no estuviesen seguros de cual iba a ser el resultado,
comentaba Baylón.
La relación que se establece entre la fotografía argéntica y numérica es completamente diferente.
Con la fotografía yo siempre he tenido una relación física, tacto, sonidos, olores, y un tiempo de espera e incertidumbre que nos llevaba a la alegría o la decepción por no haber captado el gesto que pensábamos que habíamos retenido. Casi siempre mis expectativas se cumplían, sabía cuando tenía que disparar, ser preciso, era una máxima.
Las herramientas han cambiado, también nuestra relación con ellas y las prestaciones que unas y
otras ofrecen y nuestra relación con el significado de la imagen final.
Hemos pasado de tocar un papel baritado y ver la profundidad de sus negros, disfrutar de esa
textura, a observar una imagen en pantalla con unas características diferentes.
El significado de la imagen final cambia igual que nuestra relación con el proceso, lo argéntico nos ofrecía esa relación física con el objeto que no tenemos con lo digital.
Amar a una mujer, sentir su piel, sus palabras o sus caricias o tener una replicante hinchable que
nos susurra menús programados al oído, o una vagina de plástico húmeda donde eyacular.
En Japón usan mucho esas opciones artificiales para el sexo, no hay reproches, ni tampoco emociones, ni miradas.
Muchos de mi generación estamos aquí, porque nuestros padres les enviaron fotos a nuestras
madres cuando hacían el servicio militar, fotos dedicadas, llenas de sentimientos, esperanzas, y
anhelos de felicidad. Esas fotografías mitigaron el tiempo que les llevó al reencuentro.
Nuestro entusiasmo después de haber hecho una buena toma aliviaba la espera que duraba el
proceso químico.
Cuando sacábamos el negativo del tanque, todavía húmedo y lo observabas, veías la gama tonal,
el contraste y ya estabas imaginando el resultado final.

E. O. Hoppé © 1914 – Nijinski

Disfruto de esta herramienta y de su sistemática de trabajo, de esa forma reflexiva de hacer fotografías, de buscar aquello que me interesa reflejar y con que matices hacerlo.
Creo que la herramienta de la captura numérica y su sistemática de trabajo nos cambia la relación
con el resultado final.
A mi no me preocupa que mis discos duros se vayan a la mierda o se pierdan mis archivos digitales, la parte más importante de mi trabajo se encuentra en negativos o diapositivas que podré destruir a
mi antojo cuando me de la gana, o les regalaré a mis hijos la tediosa tarea de deshacerse de ellos,
o de intentar rentabilizarlos.
La fotografía numérica, como dice Baylón, para mi es algo de usar y tirar, no hay relación física, es simplemente algo que puedo modificar en cualquier momento.
Para eso tengo mi trabajo de vídeo, para darme esas oportunidades, y con diferentes montajes cambiar al asesino, eso me divierte mucho más.
Ver la película Casablanca, y disfrutar de esa iluminación perfecta que me emociona, porque hay mucho talento en aquellos que hicieron posible la creación esas estéticas.
La luz, las ideas, el sonido de un obturador, y el momento en el cual decido apretar el disparador
de la cámara, todo se concentra en esos detalles.
Las generaciones jóvenes que sólo han conocido la captura digital tienen una relación diferente con
esa herramienta, porque para ellos es la forma natural de producción de imágenes.
Esa relación con la herramienta cambia el resultado final, la forma de compartir imágenes es más
rápida y la lectura de las mismas y su análisis el distinto, se aceptan otro tipo de codigos, nada es
ya verdad y todo es manipulable.

rafael roa © 1990

Hacer una fotografía de mi madre dormida en sus últimos días de vida fue una forma de despedirme
de ella y de mitigar la realidad que yo estaba viviendo a través de la cámara.
Fotografíar me ha dado esa relación con la herramienta y su proceso. La fotografía me ha permitido guardar las vivencias y miradas que deseaba retener.

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