Rafael Roa © 2012 – Nuria Colorado, actriz

En el mundo desarrollado sobrevaloramos nuestra existencia, y nos hundimos en la profunda melancolía de nuestras tristezas, que surgen de las insatisfacciones producidas por una sociedad basada en el consumo y el bienestar.
Esta tarde he visto la vídeo instalación “The Hour Of Prayer” de Eija Liisa Ahtila por segunda vez. Me ha dado por pensar en lo que debe de sentir alguien al que se le muere su perro, pero no puede ser comparable con la muerte de un hijo o de la mujer a quien amas por primera vez.
¿Son tiempos para escribir y filmar historias que insultan a la miseria de aquellos que luchan por sobrevivir?
Sólo las grandes catástrofes que hemos producido nos han enseñado durante poco tiempo a valorar la esencia de la vida y de nosotros mismos.
Vivimos en un mundo en el cual la banalidad invade muchos de nuestros comportamientos, desde nuestras propias relaciones sociales, a las formas de vender nuestros propios productos, cambiando sus definiciones por frases huecas que aumentan su vacío. El arte, su mercadeo, las ferias, ver unas secuencias de ARCO por televisión, reafirman mi decisión de no haber asistido este año a ver que se cocía por allí.
El otro día me enseñaron unas fotos de un viaje turístico a África. Veo una imagen de una mujer que tiene en sus brazos a un niño famélico y un kalasnikov colgado del hombro. Un turista hizo esta foto en su mes de vacaciones, fotografiamos la miseria de los otros como parte  de nuestros recuerdos de estos viajes a lugares exóticos.
Esos son nuestros trofeos que enseñamos orgullosos a nuestros amigos en las cenas de los fines de semana. Tenemos las miradas perdidas de unos pobres negritos que se van a morir de hambre, una foto de impacto, algo que en muchos casos no nos causa ninguna reflexión, sólo un recuerdo vacacional.

Eija Liisa Ahtila © The Hour Of Prayer – still de vídeo

 

Share →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *