Rafael Roa © 2003

La derrota se produce cuando uno se rinde y abandona, podemos tener reveses y decepciones pero nunca dejar de levantarnos y seguir adelante.
Cuando uno no cumple sus metas ya sean individuales o colectivas, siente una gran decepción, a
veces incluso una fuerte sensación de derrota, como si una gran losa te sepultase de golpe.
Cuando eres fotógrafo sabes que tu valor es el de tu último trabajo, los anteriores se convierten en referencias del pasado. Siempre se tienen que tener proyectos en marcha, eso ayuda a sentirse vivo
y a no mirar con complacencia como crece nuestra barriga.
Las ideas y los sentimientos de búsqueda constante nos mueven, contar la realidad, a veces
nos conduce a la muerte, como a estos fotógrafos y periodistas asesinados en Siria.
La relación de fotógrafos  y periodistas muertos crece exponecialmente cada año, informar de la
realidad es una profesión de alto riesgo.
Nunca debemos someternos a nadie, la sumisión es la anulación del individuo, enterrar los
sueños que tenemos. Someternos es anular toda posibilidad de sentirnos libres aunque sea interiormente.

Kafka a los 6 años, colección de Walter Benjamin

Walter Benjamín tenía una foto de Kafka a los seis años. Una de esas fotos que muchos de nosotros también tenemos en el álbum de nuestra madre, me refiero a gente de mi generación.
Kafka quería ser un piel roja y galopar en libertad por las praderas, pero se encontraba en aquel estudio, seguramente impresionado por el ambiente y habiendo recibido indicaciones de como comportarse, en cierta forma abrumado.
Alguna vez mi padre me llevo a retratarme a un estudio de estos, recuerdo las cámaras de placas
de madera con objetivos cromados sobre un gran trípode, con seguridad de un formato 13×18 cm.
El fotógrafo me colocaba los hombros en diagonal, y si no me estaba quieto me decía que mirase hacia una lampara que se encontraba a su derecha, después me pedía una sonrisa y disparaba la placa.
Supongo que para Kafka la visita al estudio del fotógrafo suponía una tortura. A mi no me  importaba, lo que más me fastidiaba era tener que estarme quieto y no poder preguntar para que servían todos aquellos aparatos.
La Gran Vía estaba llena de estudios de prestigiosos fotógrafos en los años ’60. El de Gyenes
se encontraba muy cerca, en la calle Isabel la Católica.
Recuerdo a finales de los ’70 su cara de sorpresa cuando le llevé una invitación de mi primera exposición en un pub. Vio a un joven con pinta de pardillo llamando a su puerta, y entregándole
una copia en papel baritado, me dio las gracias educadamente y me deseó suerte.

Rafael Roa © 1994 – Hidden Desires

¿Fotografiar el deseo, las sensaciones y olvidarse de los cuerpos?
Mucha gente quiere fotografiar cuerpos desnudos, a mi sólo los cuerpos no me interesan nada.
Son sólo formas, curvas, algunas con una armonía mas perfecta que otras.
Busco algo más, quiero capturar lo que ese cuerpo siente en ese momento y es capaz de
transmitirme. Si no encuentro eso, me aburro, y el cuerpo deja de interesarme.
No aburrirse, ni rendirse, ni abandonarse a la pereza que nos va enterrando. Las imágenes son
algo más que formas, nos están esperando, es necesario, imaginar y buscarlas siempre.
Si no lo haces al final, te sientes como Kafka en el estudio del fotógrafo, aburrido, cansado,
deseando huir de allí, y dejar de sujetar ese ridículo sombrero.

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