rafael roa © 1994 – Hidden Desires

¿Fotografiar nuestra realidad o distorsionarla hasta convertirla en algo que no es reconocible?
A veces se nos escapan las razones reales por las cuales sentimos la necesidad de contar nuestras inquietudes a través de imágenes.
Muchos se han refugiado en las narrativas visuales para contar aquello que no se atreven a hacer
con palabras. Escribir sobre ese mundo intimo del fotógrafo y tratar de desenterrar las verdaderas
razones por las cuales cogemos una cámara y capturamos aquello que nos emociona es una tarea
estéril.
Cada uno tiene sus razones ocultas para hacer esto, según pasan los años, ves la obra de muchos fotógrafos, y empiezas a notar una serie de coincidencias entre muchos.
Soledades, angustias, pasiones, sueños…, todas éstas y muchas otras causas han llevado a Saudek
a gritar contra la injusticia desde una humeda habitación de Praga, a Weegee contarnos la muerte,
las venganzas y la soledad de la noche, a Larry Clark el mundo de las pasiones adolescentes
cercanas al borde del abismo, y Diane Arbus su marginación y soledad en las miradas perdidas de
aquellos que fotografiaba.
¿Merece la pena fotografiar el placer que nos entregan cuando nos aman, o el instante de la muerte
de aquellos que queremos?
Fotografiar las sombras de la noche, inventar imágenes que no existen, o sumergirse en las pasiones bellas de la vida, que muchos censuran con hipocresía.
Podemos fotografiar cualquier cosa que nos produzca la necesidad de expresarnos a través de una
imagen, pero muchas veces nuestras propias angustias nos impiden coger la cámara y expresarnos,
porque nuestros miedos nos atenazan, en ese momento es mejor quedarse en blanco y alejarse del precipicio para no cerrar la puerta antes de tiempo.
Diane Arbus no pudo, otros tampoco.

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