From the monthly archives: "enero 2012"
Rafael Roa © Agnes Kiraly, actriz

La fotografía siempre ha estado vinculada a la vida. Se integró rápidamente en lo cotidiano.
Primero como un fenómeno de representación social, las populares tarjetas de visita que criticó
Walter Benjamin, desde la perspectiva que le otorgó la aparición de otros autores que usaban la herramienta desde un punto de vista más creativo a comienzos del siglo XX.
Esta mañana he pensado que 1984 de Orwell está de plena actualidad. Las redes sociales se han convertido en un poderoso medio de comunicación, donde se comparte todo tipo de información
en segundos, pero también en un importante fichero policial creado por nosotros mismos.
Exponemos nuestros datos, fotografías, opiniones, intereses personales o de consumo….
Lo saben prácticamente todo, estamos fichados y muchas personas comparten hasta sus más
mínimos movimientos y opiniones.
David Bailey comentaba en una entrevista que ya no le interesa fotografiar a las celebridades del momento. Su entorno banal, modifica la relación de confianza que anteriormente se creaba entre
el fotógrafo y el personaje.
Estamos perennemente bajo control, cada vez es más complicado buscar esos instantes
espontáneos en nuestras sesiones de retrato, porque estamos sujetos a las limitaciones que impone
el equipo que controla la imagen del famoso.
Y sin embargo vivimos la contradicción de que nuestros datos personales se venden al mejor
postor entre grandes compañías, y los ciudadanos estamos siendo acosados en nuestras casas por vendedores de servicios.
Por una parte, se ha limitado nuestra capacidad de fotografiar en libertad, y la relación con nuestros derechos de explotación de nuestro trabajo, y por otra el gran hermano nos tiene fichados, nos
observa y manipula.
Ejemplos como Wikileaks o el juez Garzón nos demuestran los grandes tentáculos del poder real.
En el arte ocurre igual, es más fácil eliminar a los sujetos molestos y crear una programación de
gentes tolerables por el sistema y el mercado. Es muy sencillo observar esto en la programación de muchas galerías privadas, que dan saltos de caballo, como si de una partida descontrolada de
ajedrez se tratase.
Tenemos un problema si pensamos como debemos abordar el acto de fotografiar desde un punto
de vista de la relación de contenidos y la salida de nuestro producto final al mercado.
Mi opinión es que uno debe de ser fiel a sus ideas, independientemente de la situación social y
política que nos rodee. Para eso uno tiene que estar dispuesto a renunciar a otras cosas. La vida,
como la fotografía es una toma de decisiones continua, y ahí esta la clave de saber qué queremos obtener al final.

Director – Michael Radford, Orwell, 1984

Jean Loup Sieff ©

Jean Loup Sieff (1933-2000) es uno de los fotógrafos que han sido una referencia para la gente
de mi generación. Hemos aprendido y disfrutado de sus fotografías de moda, retratos, reportaje,
de sus desnudos, con ese uso tan particular de la perspectiva del gran angular y de su cuidado,
blanco y negro.
Sieff no necesitaba más, sólo un fondo neutro, el personaje, la modelo y él con su cámara,
dispuesto a atrapar una imagen directa que ofrecer al espectador.
Trabajó para Magnum, antes de trabajar como fotógrafo independiente en el campo de la moda,
editorial, y desarrollar una obra personal muy interesante a lo largo de sus años de ejercicio profesional.
Fue un habitual de las grandes revistas de moda, como Vogue, Elle, Harper’s Bazaar.
Su vida profesional transcurre entre París y Nueva York.
Él es un autor, su estilo lo define como uno de esos fotógrafos que poseen una forma propia de encuadrar la realidad, y que ha dejado huella dentro de la historia de la fotografía.

Jean Loup Sieff ©

Esa es la fuerza de muchos de los fotógrafos de su generación, eran fotógrafos versátiles que dominaban casi todos los campos de la fotografía y las fotografías que realizaban, eran imágenes
muy poderosas que mantenían todas un alto grado de calidad.
Para fotografiar así sólo se necesitan dos cosas, talento y trabajo, nada de esto se consigue por casualidad.
Conocer la obra de Sieff es adentrarse en unas narrativas visuales comunes a los fotógrafos
europeos de su época, pero diferenciadas en sus diferentes estilos, y su capacidad de crear unas fotografías que son imposible de que las olvidemos.

Jean Loup Sieff ©
Jean Loup Sieff ©

Rafael Roa © 2006 – Prueba para vídeo

Cuando empezamos a fotografiar, nos acercamos al uso de la herramienta como un niño con
sus juguetes nuevos. Tratamos a nuestra primera cámara como un objeto único y precioso,
que cuidamos con esmero.
Miramos una y otra vez por el visor, lo cotidiano nos parece mágico, cuando por primera vez empezamos a fotografiar y a seleccionar nuestras primeras escenas.
Poco a poco, la cámara se convierte en un instrumento habitual, pero quizás ya ha perdido esa
mística inicial que tenía.
Estamos en el buen camino, empezamos a comprender que la herramienta es sólo eso, un aparato
que nos permite capturar imágenes, y que lo más importante son las ideas que seamos capaces de desarrollar.
Todos los fotógrafos hemos ido seleccionando con el tiempo, ese tipo de historias que queremos
contar, éstas evolucionan de manera natural, según vamos cambiando y creciendo, en lo personal
e intelectual.
Siempre he dicho que nuestro trabajo es una síntesis de los que somos, podemos tener épocas de sequía de ideas en las cuales nada fluye, y nos entren las dudas, el desanimo.
Estos tiempos siempre se acaban, si no abandonamos y seguimos trabajando.
Lo importante es estar dispuesto a construir algo de una manera sólida y coherente.
Ninguno de los grandes fotógrafos y artistas que admiramos son fruto de la casualidad, nadie que tenga una obra de peso basa su éxito en la suerte, todos se apoyan en el trabajo y el método.
Todos comunican sus historias, con la coherencia del estilo narrativo y estético que han ido
destilando en constante evolución durante el paso de los años.
Así podemos ver la trayectoria de aquellos que nos interesan y veremos los puntos de inflexión
donde su obra ha ido tomando otros derroteros, pero al final veremos una coherencia que nunca
será fruto de la casualidad o el azar.
Aprendizaje continuo, evolución y trabajo, ese es el único camino para que lo sólido que seamos
capaces de construir, no se desvanezca en el aire.

Diane Arbus, embarazada. 1945

Diane Arbus, embarazada. 1945

Releyendo a Walter Benjamin siempre te vuelves a encontrar con citas interesantes, que aunque las conocías, te provocan volver a reflexionar sobre ellas.
Moholy-Nagy en su artículo sobre la fotografía de 1928, afirmó que: “Los ignorantes del futuro no serán aquellos que ignoren la escritura, sino el que ignore la fotografía”.
Y Walter Benjamin pregunta: ¿Pero es que no es menos analfabeto un fotógrafo que no sabe leer sus propias imágenes?
Estas dos cuestiones se hacían a 90 años de la invención del daguerrotipo, cuando ya se habían abierto nuevas formas de expresión fotográfica alejadas de los retratos comerciales del siglo XIX, como las tarjetas de visita.
Atget, August Sander y Karl Blossfeldt, habían hecho nuevos planteamientos narrativos en sus trabajos fotográficos alejados de esa tradición. Alejarse de lo viejo, buscar nuevos caminos que nos ayuden a completar diferentes puntos de vista a la hora de abordar una narración con imágenes. ¿Es ese el camino?
Creo que cada uno se puede posicionar desde su perspectiva personal, cultural y psicológica para abordar como contar sus historias. ¿Que nos interesa contar, y sobre todo como nos interesa mostrarlo y con quienes queremos compartir esa realidad?
Para mi estas son las preguntas que todos nos debemos contestar antes de coger una cámara con la intención de fotografiar algo.
Esta tarde he visto el book de una joven fotógrafa, muy bella, tenia unos autorretratos en los cuales mostraba su cuerpo desnudo. No eran más que unas fotografías en color de una mujer bella, no tenían ningún interés, ni siquiera su belleza servía para pararse a ver ese trabajo. La sensualidad y belleza de los cuerpos no sirve para que nos detengamos a ver unas fotografías si estas no nos ofrecen algo más.
Transmitir sensaciones que inviten a los demás a detenerse a analizar nuestras fotografías, o que estas provoquen la curiosidad del espectador por su fuerza narrativa o planteamientos estéticos. Creo que aquí están muchas de las respuestas a las búsquedas de los fotógrafos.
¿Y aquellos que están locos, encerrados en hospitales, cuales podrían ser sus miradas, sus
selecciones de la realidad en la cual viven?
¿Nos pueden atrapar las miradas de aquellos que encerramos porque han perdido la razón?
Por supuesto que sí, sería interesante ver que les interesa de su mundo, como lo perciben.
Sobre la percepción, ¿como nos vemos en las fotografías?
El otro día un amigo me enseño un vídeo que se había hecho haciendo el amor con su novia. Era una escena a contraluz, estéticamente bella, en la penumbra de una habitación. Cuando lo vimos durante el tiempo necesario para poder valorarlo me pregunto mi opinión.
Le dije que me gustaba la escena pero prefería que me trasmitiese sus sensaciones de como se ve como personaje principal. Él me contesto, me veo torpe, nada atractivo, pero he sido inmensamente feliz, cuando amas, el goce sexual se convierte en algo secundario, son mucho mas importantes las sensaciones interiores que siento en ese momento.
Esta anécdota me recuerda a este autorretrato de Diane Arbus, embarazada y semi desnuda frente a un espejo en 1945. ¿Como se vería ella, quizás tan bella como la veo yo, con esa mirada dulce que se pierde en el espejo, que le devuelve su propia imagen?

Heinrich Heidersberger ©

Heinrich Heidersberger (1906 – 2006) es uno de los grandes fotógrafos alemanes de arquitectura del periodo de la posguerra. Fue alumno de pintura en Paris de Fernand Léger y se inició en la fotografía industrial y de arquitectura en 1937. Su trabajo en esta especialidad se caracteriza por la precisión técnica y la racionalidad compositiva de sus imágenes.
Hablar de su obra, es adentrarse en muchos campos, desde la abstracción y el surrealismo a la fotografía de viajes, como el trabajo que realizó en 1954 “MS Atlantic”, un reportaje de un crucero desde Nueva York a Cuba en el que refleja en color y blanco y negro, su visión de turista, y de la Cuba pre-revolucionaria, ahora se está exponiendo en la Galería Petra Reitz.

Heinrich Heidersberger © 1954

Heindesberger perteneció a esa generación de fotógrafos que aunque tenían una especialidad en la cual destacaban eran considerados como fotógrafos totales, capaces de afrontar cualquier proyecto, dentro de los diferentes campos de la fotografía.
A mi me interesan este tipo de fotógrafos, quizás porque yo he crecido y me he desarrollado profesionalmente con esa cultura de manejar la herramienta de una forma total. Esa ha sido la tradición que mi generación ha heredado de las generaciones anteriores, sobre las cuales se ha
basado todo nuestro aprendizaje técnico y estético.

Conocer la obra de fotógrafos europeos que han estado alejados de nuestro ámbito, por la colonización cultural que Europa sufrió después de la Segunda Guerra Mundial, donde todas las referencias venían de Estados Unidos, es necesario para poder tener una perspectiva más global y analizar en profundidad los movimientos estéticos y sus influencias de la fotografía y el arte contemporáneo.