rafael roa © 2011
Edward Weston tenía su Point Lobos donde descansar y fotografiar los paisajes que le interesaban, igual que Ansel Adams hacía lo propio con el parque nacional de Yosemite.
Todo el mundo necesita un lugar donde esconderse a descansar y meditar en compañía de un buen colega, conversar de fotografía, de lo divino y lo humano y de todo aquello que nos inquieta.
Me atraen los lugares de la costa con esa estética kitch y decadente, y mucho más en invierno cuando parecen ciudades fantasmas habitadas por cuatro lugareños y jubilados del centro y norte de Europa.
Comercios, hoteles, restaurantes…, todos cerrados y una cantidad enorme de casas y pisos vacíos, deshabitados, esperando que sus propietarios regresen en el periodo de vacaciones.
Todo esto forma una estética de parque temático que me atrae y que me lleva a recordar a algunos de los trabajos del New Color americano de los ’80. Mi generación ha estado influida por gente como Joel Meyerowitz, Mitch Epstein, Stephen Shore, y aunque no nos hayamos dedicado a realizar trabajos similares, su obra fue un golpe de aire fresco que nos mostraba una América diferente, y una nueva forma de trabajar el color. Muchos de nosotros valoramos los trabajos de estos fotógrafos como un verdadero cambio estético y una nueva mirada, por eso consideramos a la tan alabada escuela alemana una mera copia del “New Color”.
Cuando realizo fotografías en estos lugares de la costa, me es muy difícil escapar a la influencia de estos fotógrafos y me veo envuelto en ese juego de color, espacios vacíos y elementos kitchs que trato de aislar y sacar de su contexto.
Fotografiar por mero placer y divertimento es un buen ejercicio para relajarse y aclarar las ideas de futuros proyectos en los que uno se va a embarcar, tomar distancia muchas veces es muy positivo y nos permite ver desde una nueva perspectiva todo aquello que nos inquieta e interesa.
Dar el auténtico valor a aquellos que han aportado nuevas estéticas a la fotografía de finales del siglo XX y que han sido decisivos para que otros se suban al carro de la tan cacareada y definida como fotografía contemporánea es un acto de justicia. Explicar a las nuevas generaciones quienes han sido determinantes en los cambios estéticos y en las actuales narrativas visuales es fundamental para su formación y criterio.
En Europa el gran innovador de este tipo de fotografía fue Luigi Ghirri, olvidado y aplastado por el
marketing de la fotografía alemana.
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