rafael roa © 2011

Andar por estos lugares de la costa es como estar en un parque temático de la mediocridad más
absoluta, donde el despropósito y la falta de planificación han campado a sus anchas durante
muchos años, sin ningún tipo de control.
El desconcierto estético, lo kitsch, con un toque hortera y decadente de las construcciones y
propiedades, responden a la época del todo vale que ha sido posible gracias a la corrupción de los caciques de turno que administraban los ayuntamientos de la zona.
Paseo con tranquilidad entre jubilados de oro venidos de Europa, prostitutas de países del este,
algún mafioso ruso con cara de destrozar cabezas como el que come cacahuetes sin pelarlos y
gentes de la zona que tratan de sacar sus negocios adelante a pesar de la crisis.
Numerosos carteles de “se vende” en diferentes idiomas acompañan a los estilos peculiares de las construcciones. ¿Como enfocar una narración visual de todo esto?
Me concentro en la arquitectura de las suntuosas propiedades, o en los personajes que pasan el
día entre paseos al sol, tapas, charlas animadas o pequeñas compras a los africanos que montan sus tenderetes de baratijas frente al mar.
Al final me decido por la arquitectura, los detalles kitsch que se recortan sobre el cielo azul,
los hoteles abandonados y aquellos que están remozando sus fachadas con colores pastel, para
preparar la próxima temporada, así como las mansiones construidas para blanquear dinero de
negocios ilegales.
Cuando abordas cualquier reportaje fotográfico y construyes una narración personal del entorno
siempre eliges tu parte de la realidad. Me viene a la memoria el trabajo de Martin Parr sobre las
gentes en las playas por poner un ejemplo en el cual la estética del uso del flash y el color dan un
soporte personal y diferenciado a su narración visual.
Se trata de construir algo propio y personal, aunque a estas alturas de partido y como comenta mi
amigo Puche todas las fotografías ya están hechas, pero a pesar de todo es necesario buscar tu
propia forma de ver. Estoy regresando a Madrid con una pequeña colección de bocetos, creo que
una cámara de 20×25 cm me daría el formato ideal para la realización de este trabajo.

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