rafael roa © 2011 – Pablo De La Chica, actor

Releyendo a Susan Sontag, su libro “Bajo El Signo de Saturno” me inspira para el post de hoy.
Habla de Paul Goodman, su admirado escritor, el Sartre americano, como ella lo define, de la convicción de su voz en la defensa de sus ideas, y de sus relaciones poco fluidas con él.
Veo un retrato suyo, un tipo de perfil que no mira a la cámara con una pipa en la mano.
Empiezo a pensar sobre mi teoría de la memoria histórica de la luz para reproducir estéticas
pasadas, observo el retrato que le hice al actor Pablo De La Chica en uno de mis talleres.
Podía ser un obrero fotografiado por Rodchenko, o un taxista neoyorkino antes de alistarse
para luchar contra los japoneses.
La luz puede hacer que creamos que el personaje es de otro tiempo, incluso de lugares lejanos,
podemos fabricar ilusiones, falsas pistas que confundan al espectador.

Paul Goodman

Mayakovsky retratado por Rodchenko, la mirada dura del poeta, la geometría de un rostro
tallado con la dureza del frío y el viento, el poeta narra sus ilusiones, las gestas de sus compañeros.
Nos sepultan, y llegan otros con miradas parecidas a las nuestras, llenas de ilusión y vida, que se apagan con el tiempo. Aquellos daguerrotipos escondían cartas de amor en sus estuches, compartimentos secretos llenos de sentimientos e ilusiones, viajaban en frágiles barcos en un
océano furioso, o en carromatos tirados por caballos hasta llegar a su destino.
Ahora las imágenes nos llegan en segundos, abrimos el mensaje, y se va descargando el rostro en nuestra pantalla, los pixeles van formando ese rompecabezas.
Pero siguen siendo miradas, alegres, tristes, esperanzadas, o abandonadas a su suerte,  y están
frente a nosotros, similares a las de otros tiempos pasados.

Alexander Rodchenko – Valdimir Mayakovsky
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