rafael roa © 2011

Acabar un año es terminar una etapa del viaje. Siempre hay una posibilidad de cambiar de rumbo
pero a veces insistimos en seguir por el mismo camino aunque no nos lleve a ninguna parte.
Cambiar para conseguir nuestros sueños y llegar donde deseamos.
El niño de la fotografía mira ensimismado el barco que se encuentra en el horizonte, imagina
aventuras, viajes fantásticos, con grandes monstruos marinos que surgen de un océano furioso
de olas gigantes, mientras él se aferra al timón para salvar su nave.
La imaginación nos transporta al paraíso, a ese lugar soñado que sólo existe en nuestro interior,
esa palabra suave que contiene todo lo que un ser humano puede anhelar.
Lo construimos a nuestra medida, lo llenamos de color, o lo vemos en blanco y negro, pero
todos buscamos esa sensación eterna de bienestar y libertad, de abandono al goce y al placer
alejados del mundo o inmersos en él hasta las trancas.
Algunos matan por ese lugar soñado e inexistente, otros deseamos tener esa sensación eterna de felicidad, cerrar los ojos, detener el tiempo, disfrutar de los sentidos con la calma necesaria
para poder percibir cada matiz, sabor, color.
Y así pasa la vida, vamos quemando etapas en una búsqueda constante de sensaciones eternas,
y soñamos como el niño que quiere ser el héroe para salvar la nave de los peligros del mar azul,
y alcanzará la gloria al llegar a puerto.

“Un viajero es aquel que sabe cuando comienza su viaje pero no cuando lo va a concluir”
El Cielo Protector – Paul Bowles

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