Al Capone

Le estaban jodiendo el negocio, podía sacar mucha pasta con aquellas fotografías, eran historia
de la ciudad. Aquel tipo se las había pasado en la oscuridad de la noche, en aquel callejón.
Cientos de cajas con miles de negativos, diapositivas, copias en papel hechas por profesionales
de prestigio, algunos muertos y otros en la cresta de la ola.
Buen negocio, como los fotógrafos son gilipollas no se enteran de estas cosas.
A través de una pequeña empresa que sirve de tapadera para otros de sus negocios, las subastaría
entre su red de coleccionistas sin escrúpulos.
A ellos les gustan los objetos robados, sólo para sus ojos.
El ganster sumaba los precios de salida de todos los lotes de la subasta, medio millón limpios….
se le hacía la boca agua sólo con pensarlo.
A las 8 vendría esa lumi que le comía la polla mientras cerraba tratos con su móvil, le gustaban
esas cosas, correrse en la cara de aquella negra mientras ganaba pasta.
En la administración le tenían calado, chirriaban sus trajes italianos de rayas, le llamaban Papa
Noel por los sobornos que daba. Llegaba con esa sonrisa estúpida de prepotente y soltando billetes
de 500 a la mínima, un buen fajo por cada pequeño obstáculo.
Las leyes no estaban hechas para él, se las pasaba por el arco del triunfo, había nacido para
ganar pasta como fuese y a costa de quien fuese, los impuestos y las leyes que los respeten la
chusma que curra a diario.
Pero le estaban tocando los cojones, habían descubierto su negociete los gilipollas de los fotógrafos, intentaría comprar al listillo, eso solucionaría el problema.
Una llamada de teléfono, quedaría todo resuelto y su lumi preferida podría seguir mamando como
de costumbre. La historia no iba a acabar como él pensaba…..

Extracto del relato : Traficantes de Imágenes

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